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Diario deportivo de Alicante

Más de “cuatro locos y un tambor” dan un bofetón a Enrique Ortiz por todo Alicante

J. A. SOLER / |@jasoler65

Por mucho que el delegado de peñas del Hércules estuviera llamando a colectivos y aficionados herculanos para que no asistieran a la caravana de protesta contra la gestión de Enrique Ortiz al frente de uno de los símbolos de Alicante, un buen número de “locos” o “monos”, como define el máximo accionista de la SAD a sus críticos, se hicieron notar por toda la ciudad.

En tiempos de coronavirus, lo que ha salvado al equipo alicantino de bajar a Tercera División, las protestas y manifestaciones en forma de caravanas tienen más repercusión por el ruido y la incesante difusión por redes sociales que si es presencial con pancarta.

La caravana de los “cuatro locos y un tambor” dejó claro a todo Alicante que algo sucede en el Hércules. Unos cientos de personas a pie con pancarta en mano puede pasar semidesapercibida, pero decenas de coches haciendo sonar sus claxons y algún que otro instrumento de percusión con el himno del equipo de fondo si que llama la atención, mete ruido y saca a mucha gente a los balcones o a la calle.

Estruendoso fue el paso de la comitiva reivindicativa por la plaza de La Viña, la plaza Calvo Sotelo (donde se gestó el Hércules hace un siglo), Luceros, Alfonso el Sabio, Rambla de Méndez Núñez, Explanada de España, El Postiguet, San Vicente, Plaza de España, Benito Pérez Galdos, Maisonnave o San Blas.

Al paso de la caravana aparecían banderas, bufandas o camisetas del Hércules por muchos balcones. Otros aplaudían, también a pie de calle, en las principales arterías de la ciudad. El mensaje de que los que están al frente del Hércules son nocivos para una institución centenaria quedó meridianamente claro.

Y lo bueno de este nuevo formato de protesta es que se puede difundir a cada momento o todos los días por redes sociales y plataformas digitales. El menosprecio y desprecio de Enrique Ortiz Selfa, máximo accionista del Hércules, llamando “locos” o “monos” a un sector de sus aficionados ha hecho despertar a la bestia. Podrá hacerlo mal, rematadamente mal o peor, pero faltar el respeto al único patrimonio que tiene este símbolo de Alicante le hará pasar a la historia. De eso no le cabe ninguna duda a ningún loco. Tampoco a los tambores que cada vez resuenan con más fuerza.

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