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Diario deportivo de Alicante

La chatarra del Hércules de Ortiz pasa al desguace

J. A. SOLER / @jasoler65

Está claro que cada vez da más pereza hablar o escribir del Hércules. Y no es porque el casi centenario club esté en un mal momento, que de eso los herculanos los han sufrido y vivido de todos los colores, sino por la sensación de decadencia sin freno que acumula desde hace años.

Hace apenas una década, Enrique Ortiz decía que quería hacer historia al mando del Hércules. Hasta se autoimpuso una insignia de oro y brillantes por ello. Y qué duda cabe, como diría Arsenio Iglesias, que el actual patrón de la nave blanquiazul va a pasar a la historia en el año del centenario de la institución.

La derrota en Lleida (1-0), cuarta consecutiva, deja al Hércules al borde del cuarto escalón del fútbol español. Nunca en sus 99 años de existencia el equipo alicantino ha estado en peor situación deportiva e institucional. Un “logro” sin precedentes de alguien que, pese a no dar con la tecla buena del baloncito, sigue empeñado en estirar la pesadilla.

Porque continúa pensando que un coche con motor gripado y neumáticos gastados puede ganar por muy buena pinta que tenga la carrocería y por mucho que tenga a un piloto con plenos poderes que acumula fiascos en los últimos años o mecánicos que pudieron ser buenos en los tiempos del 600, pero que no controlan tanto las actuales monturas.

Aún así, alguna carrera puntual puedes ganar, como ocurrió en su día con Subirats o Mandiá, pero esa alegría puntual suele venir acompañada de numerosos fracasos por el estado del vehículo. Y cuando estoy ocurre, lo mejor es dejar paso a otros patronos que apliquen otra manera de trabajar y obrar el milagro de convertir esta montaña de chatarra en algo que pueda circular.

Sin embargo, con el coche herculano condenado al desguace resulta utópico pensar que alguien lo quiera en el actual estado. Ni regalado. De vender, arrendar o similares, menos todavía. Y en este escenario, lo único que queda claro es que la “solución” no le va a quedar más remedio que apechugar con todo el “problema” que ha generado.

Así, seguro que va a pasar a la historia negra de Alicante, pero como enterrador de uno de los símbolos de la ciudad. Encima, en pleno centenario. Aunque, claro, la culpa siempre será de cuatro locos y un tambor. Faltaría más.

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