EuroKolada
Diario deportivo de Alicante

Día del orgullo herculano

J. A. SOLER

En primer lugar, me gustaría agradecer todos los mensajes de apoyo que he recibido durante estos días. Afortunadamente, después de casi un mes, ya estamos listos para seguir dando guerra. Y aprovecho también para recordar que este partido, el del bicho, no ha acabado. Yo pensaba que me iba a librar después de más de un año esquivándolo, pero este dichoso virus siempre está ahí al acecho, por lo que hay que seguir cuidándose y protegiéndose.

Al margen de esta situación sanitaria, también el Hércules anda metido en la lucha contra otro virus instalado en sus entrañas desde hace dos décadas. Este domingo, en la manifestáción convocada por diferentes colectivos herculanos quedó claro que ni los herculanos ni la ciudad de Alicante quieren que Enrique Ortiz siga intoxicando uno de los símbolos de la ciudad.

Desde luego, no fueron ni cuatro monos ni cuatro locos con un tambor -así es como descalifica el propietario del Hércules a los que critican su gestión-. Fueron muchos más, los sufcientes para dejar claro que la afición y el sentimiento blanquiazul están muy por encima de una propiedad futbolística que en este partido final ha recibido un bofetón en toda regla.

Con independencia de las cifras en la manifestación del orgullo herculano, la sensación que deja la movilización es que el herculanismo ha acorralado a Enrique Ortiz para que abandone una institución centenaria que forma parte del patrimonio social y cultural de la ciudad de Alicante. No es una propiedad privada cualquiera.

Por fin y después de dos décadas de infamia y sentir vergüenza cada semana, cada mes y cada año, los herculanos se sintieron orgullosos de serlo. Y no por ganar un partido o lograr un ascenso, sino por dejar bien claro que la actual propiedad del Hércules no representa al que siempre ha sido su equipo de fútbol.

Una última bala del herculanismo que ahora espera el tiro de gracia del alcalde de Alicante, obligado a dar un paso más al frente para buscar un solución. Mucho más después del bofetón que recibido Enrique Ortiz por parte de muchos alicantinos en el día del orgullo herculano.

Y es que la solución, si la haya, pasa por el alcalde. De la misma manera que en 1999 la política encontró una fórmula para que Enrique Ortiz entrara en el Hércules en un momento de dificulta, también pueden hacerlo para sacarlo de forma pactada, dejando el club con vida, no muerto y enterrado, y sin que le cueste un euro a las arcas públicas que con los 18 millones del Instituto Valenciano de Finanzas en paradero desconocido ya hubo bastante. Es cuestión de voluntad, especialmente por parte del amo de la SAD y de Alicante. Macho Hércules.





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