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Diario deportivo de Alicante

Vicente Crespo, la pluma sabia

J. A. SOLER / @jasoler65

Veinte años junto a Vicente Crespo dan para mucho. Más aún si te toca trabajar con él. Posiblemente, pasamos más horas juntos que con nuestras respectivas familias. La “Guardia Civil”, como cariñosamente llamaba a nuestras mujeres, lo sufrió. Pero es que este oficio lo convirtió en su manera de vivir. También para los que estábamos a su alrededor.

Una forma de vida en la que no existían las horas, ni los días. Cuando nos dábamos cuenta eran las 12 de la noche y sin cenar. Siempre pendientes de cualquier episodio que pudiera generar el Hércules. Primero cuando la sede del club estaba en la calle Velázquez, frente al Guillermo. Después en las oficinas del Rico Pérez. Siempre atentos a cualquier movimiento que surgiera en el club.

Con él nunca se podía planificar nada. Todo podía cambiar en un minuto. Un ejemplo claro de ello se produjo cuando el Hércules ascendió en Badajoz a Primera División. 28 de abril de 1996. Regresábamos en su coche a Alicante después de enviar nuestras respectivas crónicas e informaciones de lo que había sucedido esa mágica tarde en el viejo Vivero.

Para hacer el viaje de vuelta más llevadero y tras cenar en Trujillo, habíamos reservado esa noche en el hotel Beatriz de Toledo, a mitad de camino entre Badajoz y Alicante. Eran las 12 de la noche cuando llegamos a la puerta del establecimiento hotelero toledano y en ese momento la radio del coche nos ponía los dientes largos por la fiesta que se vivía en Alicante.

Con el vehículo aparcado en la misma puerta del hotel Beatriz se me ocurre decirle: “Vicente, qué vamos a hacer nosotros dos esta noche en Toledo con la que hay liada en Alicante”. Me responde: “Pues es verdad. Estamos cansados después del día que hemos llevado pero si nos turnamos al volante nos vamos ya mismo para Alicante”. Y eso hicimos. Desde el mismo coche, a escasos metros de la recepción del hotel, llamamos para decir que nos era imposible alojarnos pese a tener pagada la reserva.

A las cinco de la madrugada llegamos a la discoteca Bugatti donde nos pudimos unir a la fiesta que había preparado el amigo Perramón. Allí estaban los jugadores, técnicos, directivos y aficionados. “Estais locos”, nos decían cuando nos vieron entrar. Así se vivía con Vicente Crespo.

Hace ya casi 10 años que nos dejó, cómo pasa el tiempo, pero cada vez que pase o entre en el Pabellón de Florida Babel, el mismo que lleva su nombre, podré recordar todas aquellas aventuras que tuve la suerte de vivir con él. Ahora, ya no es lo mismo. Todo ha cambiado. El periodismo, sobre todo. Las nuevas tecnologías, con las que Vicente no se llevaba demasiado bien, y la crisis han ganado la batalla y, posiblemente, la guerra.

Lo que no ha cambiado es el Hércules. Bueno, si que ha cambiado, a peor. Lo que daríamos todos por leer alguna opinión de Vicente Crespo en estos tiempos sobre la convulsa y maltratada SAD. Igual no se habrían atrevido a hacer más de una tropelía por temor a su sabia y certera pluma. Esa era la fuerza de un auténtico referente del periodismo. Por todo eso era de justicia que Alicante le recordara de alguna manera para siempre.

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