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Diario deportivo de Alicante

Un ruinoso plan económico del Hércules le ha conducido a un callejón sin salida

J. A. SOLER / @jasoler65

Con lo importantes que son los resultados en el fútbol, en el Hércules hay algo mucho más preocupante que ir penúltimos en la clasificación. La ampliación de capital que debe hacer frente la SAD para garantizar el cumplimiento del convenio de acreedores se ha convertido en el gran quebradero de cabeza dentro del club y en los pocos que conocen la terrible realidad económica de la entidad alicantina.

Pocas veces se ha visto tan cerca el abismo en el Hércules como ahora. La ampliación de capital de tres millones de euros que debe cubrirse en los próximos meses, algo que pasa de puntillas por la actualidad blanquiazul, puede convertirse en la puntilla de uno de los símbolos de Alicante. Y a este escenario se ha llegado por un ruinoso plan económico que puso en marcha el consejo de administración tras el ascenso a Primera División en 2010.

Ahí es cuando el Hércules empezó a asomarse a un precipicio del que ahora está colgado y cogido por un hilo de coser. Porque una vez consumado el ascenso a la élite hace tres años, los dirigentes del club diseñaron un plan estratégico tan descabellado como letal para el futuro de la entidad.

Según la última memoria económica entregada por el Hércules a sus accionistas, el estrambótico plan para las temporadas 2010-2011 a 2014-2015 se planteó a pesar de que la sociedad se encontraba en esos momentos incursa en causa de disolución. La estrategia partió desde una ampliación de capital de 18.000.000 euros avalados por el Instituto Valenciano de Finanzas y de acuerdo a una serie de hipótesis de muy difícil cumplimiento.

Para que el plan tuviera viabilidad era necesario que el Hércules se mantuviera en Primera División un mínimo de 5 años y continuar recibiendo el apoyo financiero de sus accionistas mayoritarios (Enrique Ortiz) durante los siguientes 10 años.

Las cuentas del proyecto se realizaron en base a unos datos estadísticos de la UEFA en los que que estimó en 2007 que los ingresos medios de los clubes españoles de Primera División ascendían a 72 millones de euros anuales. El plan no tuvo en cuenta que la media se elevaba considerablemente al incluirse los enormes ingresos que generan cada año Real Madrid y Barcelona.

Si la media de ingresos se hubiera calculado con los diez presupuestos más bajos de la Liga, el dato medio hubiera sido muy inferior y más acorde con la posibilidades de un club ascensor como el Hércules. Pero en esos momentos, alguien con puro en mano dijo que “nosotros somos más un Valencia que un Almería“. Así ha ido todo.

Las misma memoria económica reflejó una estimación de valor del derecho de la plaza del Hércules de 53.073.665 euros. Y en base a los citados argumentos e hipótesis el club disparó su presupuesto hasta los 65 millones de euros en la temporada 2010-2011. Tampoco se tuvo en cuenta que la entidad tenía embargados los derechos televisivos por la deuda con Hacienda de años atrás.

Así se gestó una deuda millonaria imposible de asumir. El Hércules no pudo hacer frente en ningún momento a las elevadísimas fichas de los futbolistas que contrató para ser como el Valencia. Enrique Ortiz dio un paso hacia un lado cuando las cuentas empezaron a no salir, Miguel Campoy tampoco pudo apagar el fuego y el inevitable descenso deportivo hizo el resto.

Tras bajar, la sociedad tuvo que recurrir a su tercer concurso de acreedores en una década como tabla de salvación. Este procedimiento obligó al Hércules a firmar un convenio leonino mediante el cual tiene fiscalizadas sus cuentas por la Liga Profesional y con un compromiso de pago de tres millones de euros anuales. De ahí que tuviera que recurrir a agentes externos (Quique Pina y cía) para poder formar la plantilla.

Y si todo eso no fuera suficiente, la consecuencia más grave de aquel ruinoso plan ha sido la obligación de afrontar una ampliación de capital de tres millones de euros que dejan ahora mismo al Hércules en un callejon sin salida salvo que el responsable de esto decida reparar los daños ocasionados. Por todo eso el Hércules tiene que jugar en enero su partido más importante en forma de ampliación de capital. Y por si falta algo Javier Tebas esperando el más mínimo borrón en el proceso, si es que apareciera un alma caritativa, para hacer lo que no pudo con otras historias.

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