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Diario deportivo de Alicante

Tote, la inutilidad y el desengaño

FRANCISCO J. GARCÍA QUINTO

Cualquier tiempo pasado fue mejor en el Hércules. La pesadilla futbolística que hoy vivimos se fraguó hace tiempo, ahora tan sólo recogemos los frutos de una gestión calamitosa. En esta tesitura no es extraño que el herculano medio esté demasiado harto de presenciar bodrios ante equipos sin pedigrí en el fútbol patrio. Resulta extraño y deprimente constatar que hace solo siete años Tote, Farinós, Trezeguet, Abel Aguilar o Calatayud ocuparon el lugar donde hoy juegan Navarrete, Óscar Díaz, Miñano o Carlos, por citar unos pocos, pero esta es nuestra realidad . El salto descendente de calidad  todavía hoy es un golpe muy duro para todos los que sentimos este club. La caída en picado continúa y menos mal que Tarí marcó el gol en el minuto 93, porque si no quizás estaríamos hablando de meternos en la pelea por el play out con rivales de la talla del Olot, el propio Formentera, el Peralada, que es filial del Girona o el mismísimo Llagostera, población de menos de 10.000 habitantes. No es ninguna tontería porque rivales como el Oviedo, el Real Murcia o  el Real Jaén ya bajaron antes por méritos deportivos a las catacumbas del fútbol regional.

Está tan complicado el asunto que Tote, en una reciente entrevista publicada en Alicante Plaza, se refería a la inutilidad institucional  y deportiva del Hércules. El sensacional exjugador madrileño centró su ira en la incapacidad de los gestores del club, que año tras año se superan para alimentar el descontento en la afición, despilfarrando cientos de miles de euros en planificaciones fallidas y descuidando detalles importantes que nos dejan siempre a expensas del enésimo milagro de que la pelotita entre y eso pueda tapar los cien mil errores cometidos por gestiones dudosas o presuntamente negligentes.

Lo que el genio Tote ve desde la lejanía, no puede sorprender a nadie en esta ciudad porque es lo que se comenta en la grada del Rico Pérez y en tertulias informales en toda Alicante durante un lustro. Sin embargo también es lo  que no se atreve a decir casi nadie en prensa en Alicante aunque sea toda una evidencia vox populi. Esa inutilidad a la que se refiere el mediapunta es la que cercena las esperanzas de toda una afición, la que nos deja en estado de moribundez futbolística, muy parecida a un estado de coma médico y que sería perfectamente evitable con un proyecto de club serio, coherente y creíble donde la dirección deportiva se viese ampliada con un equipo de profesionales capaz de controlar al dedillo todos los grupos de tercera división de este país  para firmar baratos buenos jugadores que perfectamente tienen el nivel de Segunda B.

No es tan difícil hacer las cosas bien con un presupuesto alto para la categoría, con una afición fiel y entregada,  que paga religiosamente sus abonos llueva, truene o caiga el cielo sobre sus cabezas y que sabe estar a las duras y a las maduras aunque amenace ruina desde hace mil.

No debería ser tan difícil hacer una plantilla ganadora con un par de buenos delanteros con  pegada que marquen diferencias, con otro par de mediocentros con jerarquía, algún extremo habilidoso, jugadores con ganas de ser alguien en el fútbol y un  par (como mucho) de buenos veteranos, rodeados  de varios canteranos con nivel que sientan estos colores y que gocen de verdad de la confianza de un entrenador joven,  valiente y ganador.

El dinero se debe gastar en los puestos clave, en los que permitan marcar muchos goles o al menos los suficientes para ganar muchos partidos. Es ineficiente dejarnos medio presupuesto en jugadores con nombre que no marcan diferencias y que van a menos. Ese modelo además de ser cortoplacista e inútil, nos lleva al abismo económico y deportivo. Eso lo ve hasta un ciego y no hace falta que lo diga Tote para saber que este viaje no nos llevará a buen sitio, salvo alineación planetaria o inusitado golpe de fortuna.

Se tiene que plantear una estrategia diferente o al menos una estrategia, una, la que sea pero seria y convincente. No valen las huidas hacia delante y tratar de vender ascenso en agosto apelando a los nombres de los futbolistas y su rendimiento pasado, cuando en el presente éste es empíricamente nulo e insuficiente para intentar un ascenso.

Aunque se haya ganado al Formentera, la decepción y el desengaño evitan que se pueda soñar con llegar al mínimo exigible, que es la promoción de ascenso. Siete puntos parecen una losa insalvable para una plantilla que no gana a ninguno de los de arriba y que tiene serios problemas para vencer en su estadio y ante rivales de la parte baja. Aunque se haya roto por fin la nefasta racha de cuatro meses sin vencer en el Rico Pérez, todo el mundo que entiende de fútbol sabe que no se puede confiar en un equipo que ha demostrado con creces su endeblez, su irregularidad y su escaso olfato goleador.

Visitar  al penúltimo clasificado no es sinónimo de victoria y menos con la sensible baja de Paco Candela. Ojalá suene la flauta, se venzan dos partidos seguidos y se pueda seguir con ciertas opciones, pero ni  la lógica ni las matemáticas parecen estar a nuestro favor. Sólo una meteórica racha obraría el milagro y desde fuera no se observa hambre por conseguirla. Más bien veo a la plantilla entera focalizada en el miedo de no estar a la altura y con la terrible  incertidumbre de ser descartados en la planificación futura y precisamente ese miedo que transmiten es el que nos lleva al desengaño y a las malas sensaciones futbolísticas. Si ellos no creen en sus posibilidades, la grada poco puede hacer. El miedo es inútil cuando se persigue una meta grande que depende precisamente de la confianza para ser lograda. Apelar a la valentía como cualidad grupal de una plantilla profesional me parece innecesario. Los jugadores mejor que nadie saben todo lo que se juegan, individualmente y sobre todo de forma colectiva, por eso no puedo entender nada diferente a salir con el cuchillo entre los dientes desde el minuto cero para ganar como sea en Santa Eulalia, se juegue sobre tierra , moqueta de Crevillent o aunque fuese sobre lija. Ganen, ganen otra vez y vuelvan a ganar, seguro que así cambiarán la mala opinión que de ustedes tienen en su propio feudo. Volverá la confianza, el buen rollo y la esperanza. Palabra de herculano convencido.

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