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Diario deportivo de Alicante

Soy un “mal” herculano

J. A. SOLER / @jasoler65

Es de suponer que hay que hacerlo rematadamente mal para que el Hércules no haya sido capaz de formar un equipo competitivo para Segunda B después de dos años. Y más teniendo en cuenta que la dirección deportiva del club blanquiazul maneja uno de los presupuestos más altos de la categoría. Desde luego, es difícil errar tanto por mucho que los que se equivocan hablen de debates externos o disparen contra los que no comulgan con ruedas de molino.

Si un equipo no tiene fútbol puede sobrevivir si arriba tiene pólvora. Incluso, hasta podría luchar por objetivos mayores. No es el caso del Hércules que, en este momento, no tiene ni capacidad creativa ni gol. Dos aspectos básicos para cualquier aspirante a un ascenso, sea en la categoría que sea. No debieron tener en cuenta nada de esto por el Rico Pérez cuando hace año y medio alguien decidió renovar a un delantero en declive cuya continuidad hipoteca cualquier planificación.

Que en Elche hayan formado en cuatro días y sin dinero un equipo con pinta de luchar por el ascenso a Primera División y en el Hércules alguien empiece a pensar a finales de septiembre en la apertura del mercado invernal para reforzar posiciones troncales es una clara señal de que las cosas no se pueden hacer peor. Incluso, hasta resulta patético y vergonzoso.

Está claro que Manolo Herrero parece haber perdido el rumbo. A sus muchos errores de planteamiento se une el suicidio verbal de hace unos días al tirar una piedra y esconder la mano. Algo parecido le ocurrió a Juan Carlos Mandiá hace cuatro temporadas y después a Quique Hernández o incluso Pacheta. Todos estos entrenadores terminaron desconectados del equipo y entregados a una imposición que les condenó.

A estas alturas, con el Hércules bordeando los puestos de descenso a Tercera, a 10 puntos del objetivo, a 7 de la promoción y con un promedio realizador de un gol cada 270 minutos, decir que el problema en la delantera blanquiazul es un debate externo es reirse del personal. Lo mismo ocurre cuando el presidente asegura que están haciendo las cosas bien después de tener menos abonados que nunca y olvidando los tres concursos de acreeedores a los que hubo que acudir fortuitamente por acumular deudas superiores a los 100 millones de euros en una década.

Menos mal que hacen las cosas bien. No queremos ni imaginarnos si hubieran hecho las cosas mal tanto en lo deportivo como en lo institucional. Aunque como eso de la autocrítica no va con ellos, igual es el momento de renovar a Portillo de cara a una hipotética aventura herculana en Tercera División. Si luego el Hércules no tiene gol o hace el ridículo es lo de menos. Aquí lo importante es tener contento al jefe y conservar la silla por mucho que digan esos cuatro monos a los que encima tienen la osadía de calificar como malos herculanos.

En este caso, lo admito, soy un “mal” herculano. No sé cómo pude hacerme socio del Hércules en 1973 y accionista en 1994. Tampoco entiendo esas noches de insonnio con dolorosas derrotas. Supongo que me hará falta un curso de repaso sobre buenos hábitos blanquiazules. Y como los que mandan están en condiciones de dar lecciones de herculanismo, no sé todavía si apuntarme a las clases del profesor Ramírez en una de esas aulas habilitadas en el Martínez Valero o a las magistrales del suegro y el yerno en el yate del jamonsito. Ahí nos enseñarán a remar en la buena dirección. Para aprender a utilizar la vaselina tenemos otros maestros que dominan esta técnica como pocos, imprescindible para cualquier buen remero que se precie. Faltaría más. Si al final, hasta hacen gracia. Esa es la desgracia.

Manolo Herrero

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