EuroKolada
Diario deportivo de Alicante

Sentir el fútbol diez años después

J. F. PERSONAL / @jfpersonalcases / Foto: Hércules CF.

Corría la jornada 21 de la Liga de Segunda División en la temporada 2008/09. Fue un 25 de enero, no sé si frío, no lo recuerdo. Al descanso, la tristemente desaparecida Unión Deportiva Salamanca vencía 0-2 en el Rico Pérez. Eye of the tiger sonaba por megafonía mientras los jugadores estaban en la caseta. Y nadie en el estadio, y digo nadie, pensaba que el Hércules perdería ese encuentro tras el pitido final.

Cohen y Miku habían perforado la red de Calatayud en favor de aquella Salamanca de Jorge Alonso y el mítico Quique Martín. Fue un encuentro muy caliente, en el que la mala fortuna local había permitido que el Hércules no fuera por delante en el marcador. Daba igual. Había algo en el ambiente que aseguraba que los once de blanquiazul iban a hacer algo grande. Era algo inexplicable, místico. Mágico. O simplemente, era fútbol.

Taborda y Rubén Navarro sellaron el empate a dos final. Fueron tablas, como pudo ser una goleada. O así lo recuerdo. Pero la ovación del Rico Pérez a sus jugadores solo denotaba una cosa, orgullo. El orgullo de una afición hacia sus jugadores. Aquella fue la temporada de los 78 puntos, la del casi ascenso con Mandiá en el banco. Fue el año en el que Tote y Farinós se desataron.

Hubo un ascenso un año después, y una primera vuelta en Primera excepcional. Y un play off por volver a las estrellas en el breve proyecto de Perfecto Palacio. Pero no fue lo mismo. El ascenso fue una obligación más que una ilusión, y de aquella pólvora de Rey que disparó el Hércules en lo fichajes de las temporadas 2009-10, 2010-11, 2011-12, vienen estos insípidos tiempos. Pero volviendo al curso 2008-09, aquello fue otra cosa. Era una conexión perfecta jugadores-club-afición. Era un solo Hércules.

Ayer, justo una década después, volví a sentir lo mismo. Solo un infortunio permitió empatar a un Ontinyent que podía haber ido dos o tres goles abajo. Con 1-1, el equipo creyó, y la grada creyó con él. Y así, juntos y en armonía, Juli puso el 2-1 final. Pero hubiera dado igual que no entrara, que el palo hubiera repelido el derechazo del torito alcoyano. Porque ayer, dos lustros después, el Rico Pérez latió.

Parece aventurado, y de hecho lo es, decir en la jornada 1 que este Hércules pinta bien. Que Planagumà ha conseguido encender la llama. Pero ayer me identifiqué con una camiseta como hacía una década que no lo hacía. Ayer la grada sintió. Sencillamente hubo un equipo que hacía todo lo que podía por ganar. Tan simple como eso.

No sé si dará para subir. Incluso no sé si toda la afición sentirá lo mismo que yo, o ha sentido lo que yo no he hecho otros años. Cada uno vemos este deporte desde nuestro asiento, y nunca coincides con el de al lado. Es injusto incluso no poner en valor el trabajo de otras plantillas, como la del sueño truncado en Cádiz. Pero no recuerdo el aurea que respiré ayer en los dos primeros años de este ciclo de 2B.

Será el contexto, o no sé qué. Pero creo que esta plantilla puede ilusionar. Pienso que esta plantilla va a grabar encuentros en la memoria del aficionado. Como aquel Hércules- Salamanca, o como aquel gol de Raúl Ruiz al Huesca (3-2) para pasar la navidad en ascenso. Sí, parece que este año, hay fútbol en el Rico Pérez.

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