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Diario deportivo de Alicante

Se rompió el idilio herculano

ÓSCAR CRESPILLO/ @ocrespillo

     Muchos motivos para preocuparse deben tener los mandatarios del Hércules Club de Fútbol. Y no solo los que son consejeros o los que manejan el cotarro sin serlo; además, desde el director deportivo hasta el último de los jugadores, pasando por el entrenador deben, y a buen seguro que así es, estar sin entender qué está pasando y por qué está pasando.

    El comienzo de temporada fue idílica. Un presidente querido por la mayoría de la masa social blanquiazul, Quique Hernández, parecía ponerle algo de sentido común al día a día: escuchaba a los herculanos (escuchar, que no oír, que es lo que hacían otros), tomaba buena nota de sus sugerencias, se hacían homenajes a los socios más veteranos, se realizó una campaña de abonos más cercana a la realidad de la Segunda B, todo eso, entre otras cosas, fue parte fundamental para que la afición se sintiese importante.  Además, sumemos a una plantilla que, puestos a ser sinceros, ilusionaba a más de uno, y añadido al arranque histórico de competición, creó un binomio no visto desde hacía años: afición y equipo todos a una.

  Sí, un binomio que parecía inquebrantable. Porque una cosa es crear un buen clima en partidos de playoff o cuando un ascenso puede llegar. Pero conseguirlo en las primeras jornadas de la siempre ardua  y aburrida categoría de bronce del fútbol español es algo que servidor no recuerda.

   El equipo, como todos ustedes saben, se fue deshinchando. Y dando síntomas de agotamiento. Un enfermo que fue dejando, jornada a jornada, cada punto de ventaja que tenía sobre el segundo clasificado, el tercero, el cuarto…y el que te deja fuera de posibilidad de ascenso, el quinto. Gota a gota iba desangrándose. Y en algunos casos, en algunos jugadores, dando la sensación que daba igual que ese enfermo debía y tenía que recuperarse.

    La imagen que está ofreciendo un equipo que está llamado a subir, sí o sí, y que es un histórico del fútbol español, es sencillamente lamentable en los dos últimos meses de competición. Un entrenador que parece abrumado por la situación y algunos jugadores que parecen haber olvidado jugar (¿dónde está el Juanjo Nieto que todos conocemos?)

   Y lo peor de todo es que todo esto ha creado una crisis más importante que la de resultados: el idilio que vivía la afición y el equipo se ha roto. Se rompió en Ontinyent cuando al finalizar el partido se escucharon gritos de “Planagumá dimisión” y de “fuera, fuera” contra los jugadores.

Y bien se sabe que cuando algo se rompe es muy difícil de recomponer.

El próximo fin de semana nos visita el líder, el Villarreal B. Un equipo que, de vencer en el Rico Pérez, se alejará a nada menos que doce puntos de los blanquiazules. Un partido en el que si vencen los locales, la distancia quedaría en seis. No estamos para mirar liderazgos ahora mismo. Pero no cabe duda que es, quizá, una última ocasión de intentar que el romance entre aficionados y jugadores renazca. Porque de lo contrario, el divorcio estará más que servido y el playoff comenzará a ser un nuevo deseo…para la temporada venidera.

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