EuroKolada
Diario deportivo de Alicante

Respeta al ciclista, pero ¡ciclista, respeta!

JOSÉ F. PERSONAL / @jfpersonalcases

Iba yo hace un par de días conduciendo mi coche por la carretera N-332 a su paso por Alicante, cuando un vehículo paralelo a mí adelantó a un ciclista. Si dos coches y una bicicleta coinciden a la misma altura habiendo dos carriles, algo ha fallado: el conductor no respetó en el adelantamiento de la bicicleta el espacio mínimo de 1,5 metros de seguridad.

Ya iba yo a increpar, en calidad de cicloturista, a dicho conductor, cuando mi esposa me calmó los ánimos. Que si no consigo nada, que si me van a soltar un puñetazo, etc… Sí, no le falta razón, no son formas. Pero es que veo una imprudencia así y me hierve la sangre. Porque yo practico ciclismo y me gusta regresar a casa con mi mujer y mi hijo, y me gusta hacer mi ruta sin sobresaltos y con los riesgos mínimos.

Pero cual fue mi sorpresa, que al llegar a un semáforo va el ciclista y se lo salta con el disco rojo. No uno, sino dos. Y me digo: -¡Toma! Se repite la jugada, y ya iba yo a recriminar al ciclista que con esas actitudes no nos van a respetar nunca. Pero otra vez, por suerte, mi mujer me paró los pies (y así muchos días). No es que no le molestara al ciclista que le adelanten sin seguridad, es que en toda la cara del imprudente conductor, va y se salta dos semáforos.

Vaya por delante, que nada justifica una imprudencia; es decir, no por saltarte un semáforo alguien tiene derecho a atropellarte, ni mucho menos. Pero hay un matiz creo que importante: el ciclista crea antipatía, y eso se traduce en agresividad al volante, y esa agresividad en riesgo, y ese riesgo en accidente.

Creo, pero es mi humilde opinión, que solo hay una forma de ser respetado. Y es respetando. Vale que hoy en día muchos entrenan para preparar pruebas de triatlón, marchas cicloturistas, etc, y tienen mucho nivel y mucha prisa. Pero eso de saltarse los semáforos, o de tirar los geles en la cunetas, ni que fuera el Tour de Francia (y tampoco). Luego está el otro extremo, ir hablando con parsimonia invadiendo la vía y obstaculizando el tráfico. Nada cuesta guardar un plástico en el maillot, ni echarse a un lado para dejar fluir el tráfico si la vía tiene arcén apropiado.

El cicloturista es visto con antipatía. Si entre todos consiguiéramos crear un ambiente de cordialidad, la siniestralidad descendería. Porque se vería al ciclista como una persona que respeta a los demás y al medio ambiente, no como a un “puto ciclista”, que es la expresión común de muchos conductores al cruzarse con uno. Nada es seguro al ciento por cien en una carretera. Pero sí se puede reducir las imprudencias.

El ciclista no puede evitar una imprudencia desde su posición. No puede elegir si el que le va a adelantar ha bebido o va hablando con el móvil. Pero sí puede ser un colectivo respetado. También las instituciones de gobierno podrían ayudar más, bien es cierto. Pero un ciclista sí puede ser un símbolo de respeto, de cordialidad, de cumplimiento de las normas.

Desde muchos colectivos se ha ayudado al cicloturismo con la campaña #RespetaAlCiclista. Y me parece genial, detrás de cada ciclista hay un abuelo, una madre, una tía, o un hermano. Una vida. Muchas familias detrás. El respeto mutuo es la clave, con él hay espacio para todos.

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