EuroKolada
Diario deportivo de Alicante

Resiliencia

FRANCISCO J. GARCÍA QUINTO

Napoleón Bonaparte dijo que la victoria tiene cien padres y que la derrota es huérfana. Hace unos meses todos se subían al carro ganador del proyecto de Portillo y Planagumà y se presumía de herculanismo en plenas Fogueres fantaseando con el ascenso antes de tiempo. No se consiguió, no se estuvo a la altura en la última eliminatoria porque las finales, sean de lo que sean, no se juegan, se ganan.Aquella derrota costó mucho de digerir y aún hoy sufrimos sus consecuencias porque la fortuna es veleidosa y la suerte que tuvimos el año pasado nos ha dado la espalda en este.

Sin embargo, considero que Javier Portillo hizo lo correcto: Mantener al entrenador que nos llevó a la final, mantener una base de jugadores de calidad y prestigio  y hacer puntuales refuerzos que mejorasen lo que había rejuveneciendo la plantilla. En teoría muchos estábamos de acuerdo con una planificación continuista porque entendíamos que lo que funciona se debe conservar.

No se pudo retener a Juanjo Nieto pero sí a Pablo Íñiguez que contaba con numerosas ofertas, a Benja Martínez o a Benito. Sobre el papel el Hércules tenía y pienso que aún tiene una plantilla muy buena, de las mejores de los ochenta equipos. ¿Entonces qué ha fallado para que nos veamos casi excluidos de la lucha por el ascenso en el mes de noviembre? Sin duda, el equipo.

Tenemos buenos jugadores pero no tenemos un buen equipo. Planagumà renovó sin ganas, planteó una pretemporada corta e inició la liga haciendo extrañas probaturas, lo cual unido a la mala suerte nos llevó al fondo de la tabla. Sigo sin entender que un entrenador como él fuese capaz de renunciar a su propia filosofía (ser un equipo aguerrido y compacto) y diese extraños bandazos, cosa que le costó el puesto, además de dejar un vestuario tocado, con la autoestima por los suelos y un déficit de puntos alarmante.

Quizá ya entonces, aunque fuese muy pronto para decirlo, la temporada estaba prácticamente amortizada porque muy pocos equipos son capaces de levantarse después de encadenar una racha nefasta en el inicio y máxime cuando se trata de un club histórico con una presión enorme y en las catacumbas del fútbol profesional.

Ya estamos en las puertas de la jornada 14 y seguimos sin equipo, lo cual es un síntoma grave. Observo desde la grada cómo jugadores teóricamente buenos tienen un rendimiento paupérrimo porque su autoestima está por los suelos o porque han dejado de creer en el proyecto. Si es lo primero, tiene solución con apoyo psicológico y un par de victorias seguidas pero si es lo segundo sería preocupante.

Más allá de quien sea el entrenador (Jesús Muñoz mantiene unos números discretos aunque el equipo se le ha caído en los dos últimos partidos) y de la planificación deportiva (los jugadores nuevos vienen siendo buenos pero no lo están demostrando) siempre estamos en las manos de los futbolistas y si estos no creen en sus posibilidades y bajan los brazos cuando ven la meta casi imposible, nos hundimos en el cieno de la mediocridad.

Los números son alarmantes, los peores de nuestra historia en Segunda división B, 12 puntos de 39 posibles, es decir un 30,76 % de puntos logrados. Ocupar la posición de play out es anecdótico pero crea malestar e incertidumbre. Hay mucho tiempo para solucionar el entuerto e incluso mirar más alto en la clasificación pero las jornadas pasan y cualquier rival se aprovecha de nuestra debilidad mental cuando nada sale y tiemblan las piernas.

Es el momento de apelar a la valentía, profesionalidad y calidad de nuestros jugadores. Aunque el fútbol muchas veces es un estado de ánimo, es en estas situaciones donde se ve la grandeza de los futbolistas comprometidos, los que luchan a muerte igual por un ascenso que por una permanencia lograda en el barro de terrenos impracticables, ante equipos de menor presupuesto pero con una gran ilusión por competir ante equipos como el nuestro.

Quedan cinco partidos hasta el parón de navidad. No hay margen de error. Debemos sumar un mínimo de diez puntos sea como sea. Es inútil buscar culpables ahora, cada cual tiene su propia coartada y la situación es aún reversible. Sobran las palabras, es el momento de los hechos. No se puede pensar en algo grande porque el fútbol nos ha puesto donde merecemos, pero sí se puede salir a jugar como si no existiese un mañana, como si fuese el último partido de sus carreras. Eso es mostrar resiliencia y encarar el presente con valor, sin dejarse llevar por esa  absurda apatía que convierte un partido trascendente como ante el Valencia Mestalla  en una pachanga de verano en la que se puede fallar más de lo previsto.

No es tiempo de florituras, de jugar dentro de nuestra propia área en el descuento y ser incapaces de despejar un balón. Es tiempo de apretar el acelerador, de acabar fundidos, de reventar el balón y mandarlo al barrio de Carolinas Bajas si hace falta, de marcar el primero y tener ya entre ceja y ceja el segundo, da igual el rival, el estadio y lo que diga el entorno y la prensa. Es el tiempo de la personalidad, de la experiencia, de la unión y de la ilusión y el que no quiera dar el 200 % y conformarse con el rol que designe el entrenador puede marcharse ahora mismo, por muchos años de contrato que tenga.

Esto es el Hércules, un club casi centenario, con veinte años de historia en la élite y más de cuarenta en la liga Smartbank, con un estadio mundialista que es el más grande de todo el grupo III con diferencia, en una ciudad con una calidad de vida maravillosa y con una afición que está siempre a las duras y a las maduras por más que se le den muchas más derrotas y fracasos que alegrías y victorias.

Ganad en La Nucía y luego al Olot y al Espanyol B y cambiará todo el paisaje, cesarán las críticas, volverán los panegíricos y las alabanzas y se rellenarán páginas y programas de radio y televisión con cábalas y estadísticas imposibles. Os lo habréis ganado, pero mientras tanto sed fuertes en la derrota, aceptad las críticas con humildad, convivid con los problemas, pues son parte del aprendizaje en la vida y demostrad por qué os ha fichado el Hércules, por qué estáis aquí y ahora disfrutando de lo que más os gusta y en un club de la solera del nuestro. ¡Macho Hércules, ahora más que nunca!

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