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Diario deportivo de Alicante

Ramírez y el baile de la conga

J. A. SOLER / @jasoler65

En los últimos 15 años el baile de la conga se ha repetido demasiadas veces en el Hércules como para que alguien crea que se va a producir algún cambio. Por mucho que Juan Carlos Ramírez tomara nota de las reivindicaciones de algunos colectivos herculanos, el exdirigente del Elche sabe que su margen de confianza es mínimo por mucho que crea haber tomado el control de la entidad blanquiazul.

Porque a estas alturas no basta con buenas palabras o escuchar, que no es poco para lo que se lleva en el cortijo.  Hacen  falta hechos. Y de eso no hace falta ser un visionario para adivinar que Carlos Parodi continuará siendo la marioneta de Enrique Ortiz dentro del Hércules, que la cantera continuará dejada de la mano de Dios o que la campaña de abonos no se variará lo más mínimo.

Juan Carlos Ramírez dejó buena impresión a los peñistas y herculanos que asistieron a su convocatoria. Normal. El Hércules ha llegado a un punto que cualquiera a quién se le vea un mínimo de coherencia, sentido común y lenguaje futbolero parece un mesías. Pero sus buenas intenciones de intentar poner orden entre el desorden se encuentran con un muro infranqueable.

Un muro con el que se toparon en su día Perfecto Palacio, Sergio Fernández, Eduardo Rodríguez, Pascual Luna Parra y hasta Paquito que, pese a ser un fiel escudero del rey de la conga durante años, terminó por hartarse también del mismo baile. Alguien debe contarle a Ramírez de que va el bailecito que se marca quién le trajo al Hércules. Es igual de inquietante cuando da el paso hacia adelante o cuando lo da para atrás. Lo mismo ocurre si se dirige a un lado. El resultado es el mismo. Una patada en el trasero.

Si Ramírez lo hace mal, en el Elche no salió bien parado, ya sabe que saldrá del cortijo por la misma puerta que Pitarch. Si lo hace bien, le espera un ataque de celos por parte del rey de la conga como ocurrió hace dos años con Perfecto Palacio y cía. Entonces, el rey de la conga dejó claro que no soporta que otros se lleven los elogios que a él se le niegan desde hace 15 años. Por algo será. En cualquier caso, el final del baile es idéntico. Por eso nadie se cree que el nuevo dirigente blanquiazul vaya a poder cambiar de paso en un salón en el que algunos habitan mejor entre la desidia y el caos.

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