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Diario deportivo de Alicante

Quique Hernández, ¿presidente light?

FRANCISCO J. GARCÍA QUINTO

Expertos en cortinas de humo y en huir hacia adelante, pelota a seguir y lógicamente sin ver puerta, el Hércules presenta al entrenador semi-retirado Quique Hernández, uno de los causantes del  último y doloroso descenso de 2014 como presunto  presidente light, con voz dependiente de los accionistas que le pagan y obviamente sin voto, como cualquiera de mis queridos lectores.

Dicen que es el entrenador con más partidos oficiales en nuestra historia y no les falta razón, pero ¿eso significa que ha hecho algún mérito para ser presidente de una institución como la nuestra? La respuesta es obvia por más que el nivel de la presidencia estuviese bajo mínimos después de haberle precedido en el cargo Valentín Botella, Carlos Parodi, García Pitarch o Ramírez, pero el que paga, manda, nos guste más o menos. Los aficionados solamente contamos como clientes de la SAD. Pagar un abono, comprar unas entradas, celebrar pocos goles y salir con cara de pocos amigos de cada tragicomedia mal representada en el Rico Pérez.

Al escuchar el nombre de Quique Hernández, inmediatamente viaja a mi recuerdo la  temporada más nefasta que recuerdo como aficionado, peor incluso que la de aquel descenso con Bahía tras la muerte de Peris. El descenso se veía venir desde el principio de liga, por más que se nos engañase con cantos de sirena y el entrenador no hizo apenas nada para cambiar el rumbo de una nave que se iba a pique. Ese es el recuerdo más cercano que tenemos del entrenador valenciano convertido ya en presidente.

Justo es decir que también consiguió un gran ascenso en 1993, gracias a un play off de fábula, tras una liga irregular, una buena temporada en Segunda A en la 93/94 , aquel 2-3 en el Camp Nou y la extraña remontada en la 12/13 donde fue capaz de salvar a un equipo muerto tras aquel nefasto verano de 2012, con la destitución de Sergio Fernández de su cargo de director deportivo.

Su trayectoria como entrenador tiene luces y sombras, dos o tres momentos positivos  pero también dos descensos, dos destituciones y sensaciones claramente negativas. Sin haber superado aún el trauma del descenso de 2014 , una legislatura después nos vuelve convertido en presidente en una suerte de eterno retorno o política de puertas giratorias. Así  es el Hércules de esta era y así se lo contamos.

Dice que quiere construir una ciudad deportiva para la cantera, después de que el club extrañamente dejase perder Fontcalent. Dice que se marca el reto de ascender al club a Segunda, categoría que a su pesar nos ayudó a perder y que para ello confía ciegamente en el buen hacer del director deportivo Javier Portillo. Al parecer el infierno está lleno de buenas intenciones, el cielo de buenas obras. Tiempo habrá de saber si será un presidente light y efímero más, que venga sólo de escudo en época donde llueven chuzos de punta o tendrá la sapiencia, el arrojo y la virtud para liderar a la entidad en estos momentos convulsos y ayudar a  conseguir  algo de lo que ha planteado hoy en su rueda de prensa. Ser presidente del Hércules no es un día más en la oficina y esperar a dar con la tecla.

Un solo hecho vale más que mil buenas palabras y si de verdad quiere ayudar al club debería plantearse seriamente ayudar en el área técnica con su nutrida experiencia, dotar  al club de una estrategia a medio plazo que no consista solamente en optar a un ascenso cambiando varios entrenadores por año y quince cromos repetidos por temporada. Quizá para salir de este pozo se deba apostar fuerte por dos o tres buenos delanteros y un organizador de valía, gastando el dinero principalmente en jugadores desequilibrantes en puestos clave y alrededor de ellos gente con hambre de ser alguien y canteranos que sientan los colores y en edad de rendir a tope. Dar bandazos y palos de ciego solo nos llevará a la autodestrucción y a la frustración empedernida. Convénzanos a los herculanos críticos, señor Quique Hernández, de que las cosas no son como parecen y rectificaremos a tiempo. Ávidos estamos de triunfos, sentido común y una línea de trabajo sensata, profesional y justa. Demuéstrenos que aprendió de los errores y no viene a ser un presidente- títere a merced de la voluntad de otros. Como dijo Francisco de Quevedo al Duque de Osuna en tiempos de Felipe III : Sólo un necio confunde valor y precio. Usted sabe mejor que nadie el potencial estratégico del Hércules para Alicante y provincia y que cualquier esfuerzo es poco para lograr escapar de este pozo llamado Segunda B y devolver a Alicante al mapa del fútbol profesional. No ceje en su empeño y mantenga firme el timón de la nave.

 

 

 

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