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Diario deportivo de Alicante

Mi reino por un caballo

FRANCISCO J. GARCÍA QUINTO (Escritor y abonado del Hércules nº 1.310)

Por falta de un clavo se perdió una herradura, por falta de una herradura, se perdió un caballo, por falta de un caballo, se perdió una batalla, por falta de una batalla, se perdió un reino. Esta célebre frase de Ricardo III, que fue inmortalizada por Shakespeare, retrata muy a las claras la situación actual de desidia, pobredumbre y cieno en el actual Hércules. Un club que no cuida los detalles y actúa por soberbia . Un club hundido por una gestión basada en el oscurantismo, la prepotencia y el amiguismo.

Todos sus males comienzan en la cúspide y descienden por la pirámide del sinsentido en la que se ha convertido hoy el vestuario de jugadores herculanos, en el que algunos jugadores no reman en el sentido apropiado y otros no saben o no pueden remar. Porque no nos llevemos a engaño, estamos donde estamos gracias al hombre del puro, que por acción u omisión ha propiciado que el fuego amenace otra nueva cosecha prevista para el mes de junio. Lo bueno o lo malo que suceda, depende de él para la mayor desgracia de casi todos los herculanos, porque aún hay una minoría de aficionados que defienden la gestión del dueño, a los que les da igual como se hagan las cosas y solamente se interesan porque el equipo gane partidos.

Por un año de éxito, por un solo ascenso a Primera División, pagamos un alto precio, algo así como si los herculanos hubiésemos vendido nuestra alma al diablo por ver ganar al equipo en el Camp Nou. Disfrutar un segundo, para sufrir varias eternidades en el averno de la B y dando gracias aún. Desde el verano de 2010 ser herculano es una maldición que debemos agradecer a la torpeza de sus dirigentes que gastaron más de lo que nunca tuvieron, que endeudaron al club hasta la médula haciendo zozobrar su futuro y tomaron pésimas decisiones, manteniéndose en el error sempiterno del impulso y el conchabe. De aquellos vientos, estas tempestades.

Porque bajar a Segunda B, estimados lectores, es muy difícil. Hay que empeñarse mucho y mal en conseguirlo. No se trata de ninguna heroicidad conseguir una permanencia en Segunda A, sino del mínimo exigible por entidad, presupuesto y supuesta calidad de los jugadores. Pero arrancamos de un proyecto viciado. Lejos de aprender de las turbulencias pasadas, el entrenador actual y su bando aprovecharon la coyuntura para pertrecharse en el cargo y colocar a varios amigos. Se procuraron un salario importante pero luego se equivocaron en el resto de importantes decisiones conformando a sabiendas una plantilla corta y desequilibrada. Quique Hernández, el gran culpable de la reacción del equipo el año pasado, es a día de hoy el responsable de no saber dirigir a un grupo de jugadores con calidad pero apáticos, a los que ha vuelto locos con decisiones técnicas más que discutibles partido tras partido.

Aquí se ha dado carta blanca al técnico de Anna para que haga y deshaga y esa confianza ilimitada ha devenido en temeridad y autoengaño. Se nos vendió la moto del play off, e incluso esa mentira se mantuvo en ciertas bocas hasta hace muy poco, pero la realidad es como casi siempre la gran delatora. Se pidió como siempre nuestra ayuda, nuestro apoyo desde la grada, en cambio se nos brindó la hiel prácticamente cada encuentro haciendo del hastío la bandera del estado de ánimo de cuantos herculanos conozco.

Ahora estamos en un callejón sin salida, ante un descenso más que probable, no matemático porque hay tiempo y puntos para la reacción, pero sí por dinámica, por mala preparación física, técnica y táctica, por falta de coraje y amor propio de unos jugadores que dan lo que tienen, pero lo que tienen es insuficiente para marcar goles, no encajarlos y ganar partidos. No se trata de rendirse sino ante la propia evidencia y más allá de luchar hasta que existan posibilidades por enderezar el rumbo, algo que es lo mínimo exigible para unos profesionales que se dedican a esto. Cabría preguntarse por qué se han consentido tantos desmanes sin buscar una reacción.

Hernández hubo de ser cesado después de la derrota ante el Jaén en la primera vuelta y como decía Lord Byron, “ el que desea y no actúa, engendra la plaga”. Se ha pecado de conformismo, de excesiva credulidad en un técnico tranquilo y mediocre, artero en los medios y poco trabajador en los entrenamientos, que vive del pasado y contempla atónito el incendio de Romeu Zarandieta sin llamar a los bomberos. ¿Nadie aún los llamará? ¿Se va a seguir consintiendo el discurso apocado semana tras semana mientras la nave se hunde? En fin, saquen ustedes conclusiones. Volviendo a Ricardo III, creo que seguiremos luchando contra el enemigo con caballos sin herraduras, por incapacidad directiva, silencio cómplice en la prensa, abulia en las gradas, división en el vestuario y el conformismo en la derrota que muestra el entrenador de reloj parado y brazos cruzados que tenemos, que ni sufre ni padece en el cargo como si de un ninot se tratase. Mi reino por un caballo… nos veremos diciendo casi todos menos los medios afines al dueño. Mi reino por un caballo.

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