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Diario deportivo de Alicante

Los fichajes son para el verano

JOSÉ F. PERSONAL / @jfpersonalcases

Junio, julio y agosto. Puro verano. No hay clase para los jóvenes. Los más afortunados cogen vacaciones. Las playas a rebosar. Alicante es una olla a presión. Hogueras, sudor, la pólvora, el anís en Luceros, sombrero de paja y abanico. Y con todo esto, los fichajes.

Época de marcado, de pretemporada. Futbolistas que van y vienen. Un periodo muy criticado por el aficionado, puesto que no hay fútbol, “la prensa inventa, solo se busca vender periódicos”, se suele comentar. Sin embargo, a mí me encanta. En serio.

Fue dentro de un racó de cañizo donde me enteré que Rufete venía al Hércules. Y también Morientes. Uno se cumplió, no el otro. Da igual, insuperable escuchar eso mientras una cerveza te hace imaginar un Liverpool-Hércules donde Rufo la pone y el Moro machaca la red de Anfield para meter al Hércules en cuartos de la Europa League.

Es un periodo de ilusión. La nueva colección de cromos, la nueva camiseta, los esplendorosos fichajes. No hay presión clasificatoria, no hay lunes de derrotas. A veces creo que la temporada es un suplicio: si tu equipo va arriba, nunca es suficiente renta; si está abajo, no le gana a nadie. Alivio en la jornada de victoria, amargura la semana de cero puntos. Un martirio constante, eso es la liga.

Por contra, el verano. Todo ilusión, promesas, sueños, nombres. Cada nuevo jugador de tu equipo crees que estará en la siguiente nominación al balón de oro: “Defensa rudo, seguro por arriba, nunca se complica y con buen desplazamiento de balón en largo”, o “centrocampista de equipo, mucha entrega y sacrificio, bien posicionado siempre”, y el clásico “delantero de área, va bien por alto y no está exento de calidad”.

Y el nuevo míster. ¡Ay el entrenador! Siempre parece el futuro Cholo Simeone. “Hombre de club, no descuida la cantera. Le gusta la seguridad defensiva y ser agresivos en casa. No especula, nunca mira el DNI del jugador, solo el rendimiento. Muy trabajador”. “Encantado de estar en un club histórico como este, con este estadio y esta afición”, es su primera afirmación. Todo es maravilloso, hasta que el balón echa a andar.

Entonces ves que el defensa con buen desplazamiento largo, solo sabe pegar balonazos. Que el lateral de largo recorrido, es un coladero atrás. Que el medio de sacrificio, no es capaz de dar un pase a cinco metros. Que el killer del área es un tronco con la cadera de cristal. Y el técnico que aún en septiembre ya comienza a pronunciar la palabra mágica, el “entorno”. Pero para llegar a este punto de agonía, antes has de tener un ilusionante verano.

¿Y dónde está nuestro verano?

Vale que la situación es difícil y el Hércules no puede competir con los mejores. Que no hay dinero para seducir a la joya de la categoría. Pero es que el último encuentro de liga fue el 13 de mayo, y el Hércules había terminado mucho antes, y seguimos sin noticias por el Rico Pérez. Otra vez se repite el bloqueo institucional del año anterior. Que es muy complejo, sí, que parece de improbable solución, como doce meses atrás, cuando de repente y sin haber solucionado nada, se dio el pistoletazo de salida y echó andar el Hércules 17-18.

Alardeaba el expresidente Mariano Rajoy en su anuncio de despedida como presidente de su partido del inmovilismo de su Gobierno. La historia así lo demuestra, el “no moverse cuando no toca”, que afirmaba Mariano. Mejor esperar acontecimientos que desplazarse en falso. Un fútbol italiano de manual, vamos, no sé si bello aunque sí efectivo.

Pero dudo que esto sirva para el Hércules. Tanto agotar plazos y tanta especulación me tiene preocupado. Hacienda, Bruselas, IVF. Son nombres que no me gustan. Fichajes que me preocupan. Intereses, deuda, aplazamiento. Todo muy alarmante. Casi prefiero al nueve sin goles, al cinco coladero, y al seis que no sabe lo que es un balón, pero al menos me ilusionan. Que vuelva ya el verano por favor.

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