EuroKolada
Diario deportivo de Alicante

Los cuatro monos se multiplican

J. A. SOLER / @jasoler65

Con el descenso del Hércules a Segunda B prácticamente consumado y el gallinero alborotado contra Enrique Ortiz, la incorporación a la dirección deportiva de Dani Barroso, un magnífico profesional en su parcela, no deja de ser el nuevo chaleco antibalas del que mueve los hilos de alguien que lleva “15 años manchando el escudo”, como decía unas de las pancartas que se exhibían este domingo en el Rico Pérez.

Cuando se produce un fracaso deportivo de la magnitud de un descenso a las catacumbas del fútbol, se hace necesaria una profunda reestructuración de la plantilla. En una categoría como la Segunda B no tienen cabida nombres como De Lucas, Hervás, Assulin, Peña o Portillo, por poner algunos ejemplos. Simplemente, por cuestiones técnicas y deportivas y con independencia de los vínculos familiares o de cualquier otro tipo que puedan tener estos futbolistas.

Y ahí es donde se podrá comprobar si los plenos poderes que Ortiz otorga al director deportivo de turno son reales o ficticios. Dani Barroso siempre trabajó desde la competencia e independencia, pero el Hércules es diferente y lo sabe. Como lo sabían Sergio Fernández y otros en su día. Todos tuvieron que marcharon conociendo perfectamente a un personaje que les prometió la luna para que vinieran a salvarle de la quema para después darle la patada en el momento que dejan de tapar las vergüenzas del amo.

A esto se tiene que enfrentar Dani Barroso. Su primer problema tiene nombre y apellidos: Javier Portillo. Con otros no habrá problema para tomar decisiones acordes a la categoría en la que militará el Hércules, pero la gran interrogante aparece con el delantero madrileño cuya vuelta al club alicantino hace dos años provocó una gran crisis institucional. Más allá de lo que ocurrió hace dos veranos, cualquier decisión respecto a Portillo sería fácil si no fuera por sus vinculaciones familiares. Ahí es donde se verá si la nueva dirección deportiva llega con libertad para trabajar en un proyecto serio o, por el contrario, se convertirá en el enésimo escudo del responsable de esta ruina hasta que entienda que ya no les útil.

Antecesores de Dani Barroso han sufrido las consecuencias por plantarse ante los intereses personales y familiares del dueño. Esta es la realidad a la que se enfrenta cualquiera que asuma un cargo de estas característica en una casa capaz de permitir que a uno de los suyos le sancionen con 3.000 euros por mostrar en el estadio Rico Pérez una pancarta que dice:  Ortiz, gracias y adiós. Por estas cosas y otras aún peores, alguno necesita tirar de humo para evitar que los cuatro monos amigos de la crítica se multipliquen. Por lo visto, la bolsa de trabajo de Aligestión ya no cuela. Porque todos saben lo que pasa.

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