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Diario deportivo de Alicante

Lo que queda del día

MANOLO PIERA / @hcfporhumor

En ocasiones pintan bastos y a uno no le queda más remedio que aferrarse a sus certezas. La familia, los amigos, un ideal. Tal vez algún logro pasado o un proyecto futuro, algo en fin a lo que acudir para no sentirse vacío y prescindible. Pilares sobre los que levantarte tras un mal momento.

De igual manera que en la vida, así sucede en el fútbol. Perder un partido, siete, o la categoría, no será un drama siempre que haya algún valor en el que resguardarse. Si falla el equipo, queda el club. Queda un objetivo, una filosofía, un trabajo del que sentirse orgulloso y partícipe.

Lamentablemente el seguidor blanquiazul hace tiempo que perdió sus certezas y referentes. Anda a la deriva sin alcanzar más asidero que su corazón. No hay club al que aferrarse. No hay un objetivo, una meta, una forma de ser de la que nos sintamos orgullosos. Ante la derrota no queda nada, solo desolación y tristeza.

Cada temporada se cambia de rumbo y capitán. Un año se dice blanco y al otro se hace negro. Nadie habla en nombre del club, nadie lo lidera, nadie lo representa y como cabeza visible aparece un empleado mediocre. Desde hace quince años así es el Hércules que amamos.

Que a pesar de todo sigamos aquí, es lo mejor que tenemos. El único valor que nos queda para ganarnos el futuro. Construir el Hércules que queremos es misión de todos y queda un largo camino por delante. Conviene recordarlo y tenerlo siempre presente, especialmente cuando el equipo gana.

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