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Diario deportivo de Alicante

Caso Portillo: Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible

J. A. SOLER / @jasoler65

Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Desde hace dos años, la situación de Javier Portillo en el Hércules es insostenible e irreversible. Un foco de crispación que no beneficia al rendimiento deportivo del equipo y que, con independencia de que sea injusto o no, lo cierto es que es una realidad.

Tras lo ocurrido en Elda, en donde la afición blanquiazul pidió la marcha del delantero con un atronador cántico, Javier Portillo está meditando la posibilidad de abandonar el Hércules, según ha informado Cope Alicante. Pese a que hace poco más de un mes fue renovado por el cuerpo técnico en una decisión de riesgo, la fractura generada desde hace dos años parece no menguar y de ahí que el futbolista pueda estar valorando una posible salida.

Porque resulta insostenible una situación que no solo se aprecia desde la tribuna o el entorno, sino que también es palpable en un vestuario en el que chirria demasiado tener dentro al “heredero del club”, como se le escapó al presidente durante una charla con la plantilla a finales de la temporada pasada. El cuerpo técnico asumió un altísimo factor de riesgo al confirmar la continuidad de Portillo argumentando razones deportivas.

Es verdad que el fútbol son goles, pero también algo más. Hay otros factores que normalmente se tienen en cuenta en la planificación de una plantilla. Muchos técnicos miran cuestiones personales de los futbolistas antes de su contratación. Con Portillo, ni se tuvo en cuenta la opinión de un anterior director deportivo que fue arrinconado y despedido por no aceptar una imposición de arriba, ni tampoco se valoró este verano por qué no fue alineado el delantero en el último encuentro liguero en el Rico Pérez.

Era cuestión de tiempo para que la crispación en relación al delantero volviera a brotar. No hace falta ser el inventor del fútbol para saberlo.  Y no es una cuestión de mania persecutoria hacia un futbolista. La afición entiende que Javier Portillo es la extensión de su suegro sobre el terreno de juego. Únicamente por eso. Ahí está el problema.

La lectura entre líneas del cántico “Portillo véte ya” desvela que es una forma “segura” de reivindicar un cambio en la dirección del Hércules. En el club habrá quién prefiera quedarse con la copla de que hay algo personal contra el futbolista madrileño. Para nada. Y lo pudo comprobar la última vez que visitó el Rico Pérez como rival. Entonces, fue aplaudido.

En cambio, lo que es una realidad es lo que sucede si en una inofensiva pancarta aparece el nombre del suegro de Portillo. Multa al canto. Lo que también es cierto es que si el delantero decide abandonar el barco, Enrique Ortiz ya no dispondrá de su mejor escudo en el fútbol. Porque en el fondo sabe que el blanco de las críticas es él y no quién llevó directamente al matadero hace dos años. Una muestra clara del cariño que debe profesar a su yerno. Más o menos, el mismo cariño que le tiene al Hércules.

 

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