EuroKolada
Diario deportivo de Alicante

Lo que Portillo le cuesta al Hércules

J. A. SOLER / @jasoler65

Se cumplen tres años del polémico retorno de Javier Portillo al Hércules. En este tiempo, su presencia en el equipo alicantino ha generado mucha más crispación que goles. Ni siquiera los 17 tantos que anotó en su primera campaña sirvieron para cerrar heridas. Porque el descenso a Segunda B, sus pírricos números en las dos últimas campañas y la ocasión fallada en el Carranza han deteriorado más si cabe su relación con la grada.

Y es que, más que por su rendimiento deportivo, el gran problema de Portillo está en lo que representa y simboliza. Ex la extensión en el terreno de juego de quién ha llevado al Hércules a la ruina, el mismo que lo impuso en su momento y lo mantiene cueste lo que cueste. Una situación forzada que perjudica gravemente al equipo y, por  consiguiente, al club.

Porque la continuidad de Portillo en el Hércules tiene un alto coste deportivo y económico. Probablemente, estemos ante uno de los jugadores más caros de la historia del club. Hubo que indemnizarle en septiembre de 2011 para rescindir un contrato de Primera. Tras unos meses en Las Palmas, su imposición provocó que todo un proyecto saltara por los aires.

Su retorno motivó que Sergio Fernández y Carmelo del Pozo, entre otros técnicos, estuvieran más de un año cobrando del Hércules sin desempeñar función alguna. A esos desembolsos hay que añadir las correspondientes indemnizaciones por despido. Y para apagar aquel incendio, el suegro colocó a Jesús García Pitarch en la presidencia con un salario de 300.000 euros más lo que percibía su ayudante Paco Orts cuyo sueldo no era de mileurista precisamente.

Entre la indemnización pagada 10 meses antes para irse a Las Palmas, la ficha de Portillo, las salidas de Sergio Fernández, Carmelo del Pozo, Juanmi Gelabert así como la llegada de Pitarch y Orts, la “operación retorno” del delantero pudo suponer un desembolso cercano al millón de euros entre todos estos conceptos. Por entonces, en el verano de 2012, ya se hablaba de economía de guerra en el Hércules. Menos mal.

Hay más. El club rescindió el contrato de Urko Vera, el otro ariete de la plantilla, para despejar el camino al exmadridista. El goleador vasco, que se marchó llorando y ha triunfado en los equipos en los que ha militado desde entonces, también tuvo que ser indemnizado. También Juan Carlos Mandiá se convirtió en carne de cañon por aceptar la imposición de Portillo, algo que no le perdonó la grada que en el primer partido de la temporada 2012-2013 ya pedía su marcha. Su cantada destitución obligó al club a afrontar otro gasto importante.

Los 17 goles anotados en la primera temporada tampoco calmaron los ánimos. Una milagrosa permanencia dibujó una aparente tregua que duró hasta que el Hércules volvió a asomarse al precipicio. Ya no hubo milagro, Portillo no marcó diferencias y el equipo descendió. La herida entre el jugador y la grada se agravó con lo sucedido en el último partido en Segunda. El delantero no se atrevió a salir a la cancha para no ser blanco de las críticas. Inaceptable.

Pese a la esperpéntica situación, días después de aquella afrenta Portillo amplió su contrato con el argumento de que en Segunda B no había “mejor delantero” que él. Mientras tanto, llegaron jugadores firmando contratos a la baja. En el primer partido liguero disputado en Elda fue abroncado por mil herculanos que pidieron su marcha. Ni así. Sus números en todo el ejercicio fueron tan pobres que la falta de gol fue el gran lastre del Hércules para intentar el ascenso.

La ocasión que falló en el Carranza en el último instante reflejó la realidad de un futbolista que ya no está para jugar con estas exigencias. Lo peor de todo no es que su rendimiento deportivo no esté acorde a la gran inversión realizada por el Hércules por él en estos últimos tres años, es que no muestra ni un gramo de dignidad por su empeño en seguir donde no le quiere nadie. Si de verdad sintiera algo por el escudo que besa en la foto, hace tiempo que no estaría en el Rico Pérez. Posiblemente, ni siquiera hubiera vuelto por muchas presiones familiares.

Pero no es el caso. El resultado es el elevado coste que tiene para el Hércules tanto a nivel económico -los recortes en el club no afectan al personal de privilegio y Portillo es uno de ellos- como en el aspecto deportivo pues condiciona negativamente la planificación de la plantilla. Sabemos todos por qué, incluido el director deportivo que traga desde el primer día con el asunto.

Todo este cóctel convierte a Portillo en un jugador carísimo para un Hércules. Tanto que en la primera semana de campaña de abonos apenas se han vendido un centenar de pases. Un ridículo histórico que tiene algo tiene que ver con esta rémora de tres años impuesta por otra que va camino de 16. Y es que esto es lo que cuesta a un club en ruinas mantener a quién ocupa el número 66 en el ránking de goleadores de Segunda B.

 

 

 

You must be logged in to post a comment Login

¿Qué opinas?