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Diario deportivo de Alicante

El helicóptero de Valentín Botella

J. A. SOLER / @jasoler65

Valentín Botella lleva más de 10 años en el Hércules. Y es justo reconocer que el dirigente oriolano ha luchado durante este tiempo para que el club dejara de ser ese juguete manejado por otro que controla todo lo que se mueve por el Rico Pérez. No lo ha conseguido a pesar del empeño. Quizás por eso al actual vicepresidente le llaman el cuchara en el entorno herculano. Ya se sabe, el cubierto de mesa que ni pincha ni corta. Ni siquiera naranjas.

Pese a los esfuerzos de Botella por hacerse valer por los palcos de esos campos de Dios o en los despachos, hace tiempo que fue relegado a un segundo plano en el consejo de administración. Lo sacaron de la presidencia y le canjearon deuda por acciones en el último concurso de acreedores por un importe de 1.954.601 euros. Casi dos millones de euros de nada. El dirigente acató sin rechistar la jugarreta de quién le mueve el sillón en el Hércules según convenga.

Tampoco alzó la voz cuando el cuchillo y el tenedor del Hércules, en un palabra, los que de verdad pinchan y cortan en la SAD, idearon una operación acordeón para reducir el valor de todo el capital social de la sociedad a cero. Así, tanto las acciones del máximo accionista -la Fundación con 18 millones de títulos- como el propio Valentín Botella veían como su participación accionarial quedaba reducida a la nada. Resultó curioso que el vicepresidente, uno de los damnificados por ese perverso plan que tumbó el IVF- no votara en contra en la última Junta General de Accionistas del pasado 30 de junio, como si tuvo que hacer la Fundación por orden del Instituto Valenciano de Finanzas.

Ese momento viene inmediatamente a la cabeza al leer las declaraciones de Valentín Botella al diario La Verdad en donde viene a decir que de ahí no les sacan ni los Geos por mucho que el IVF o quién sea intervenga. “¿Por qué voy a estar fuera? Tengo mis acciones y si no me las compran no me pueden echar. Son mías personales y no me las pueden quitar. ¿Por qué nos van a echar de aquí? Lo que debemos de hacer es remar, apoyar y trabajar para el Hércules”, dice el vicepresidente que repite el discurso que maneja el club desde que el alcalde Gabriel Echávarri insiste que la salida de los actuales gestores de la SAD blanquiazul es irreversible.

Efectivamente, las acciones de Botella en el Hércules son tan suyas e insignificantes en este proceso como las mías o cualquier otro accionista que no sea la Fundación. Todo por culpa de aquel aval que pedido, concedido y no pagado al IVF por importe de 18 millones de euros que fueron destinados ensu día para cubrir una ampliación de capital de la SAD. El hecho de no pagar aquel préstamo es lo que convierte a Valentín Botella, Aligestión y resto de pequeños accionistas sin opción alguna dentro del proceso judicial que el IVF puso en marcha. El tema no ofrece dudas para nadie salvo para los que están atrincherados en el palco del Rico Pérez.

Lo mejor de la entrevista de Santi Gras en el diario La Verdad viene cuando el vicepresidente del Hércules dice algo que podía salir de la boca de cualquier miembro del consejo de administración o palmero del amo. “Esto no es una caja de naranjas que se quita y se pone. Aquí hay unas firmas y unas prestaciones -más bien compromisos obligatorios de pago- que hay que cumplir y lo estamos haciendo. Nos han felicitado la Federación y la LFP por cómo llevamos las cosas los últimos cuatro años y, de hecho, no avalamos las cantidades necesarias para garantizar los pagos. Eso quiere decir que las cosas las hacemos bien”. Tremendo, como diría su amigo “Roma no paga a traidores”.

Si después de tres concursos de acreedores por acumular deudas superiores a los 100 millones de euros en unos pocos años, si después de no pagar ni al tato durante tantos años, si después de desacreditar la imagen del Hércules por todo el mundo o si todo eso sólo ha valido para estar un año en Primera y 8 en Segunda B, decir que están  haciendo las cosas bien -es el discurso oficial- suena a chiste con poca gracia.

Porque si el Hércules tiene que pagar la morterada que paga anualmente a Hacienda y resto de acreedores -a partir del 30 de junio vuelve a ser de unos 3 millones de euros al año- no es por cumplir con tus obligaciones en los últimos tres añitos, sino por una nefasta e irresponsable gestión en los 12 años anteriores. Desde luego, pagar lo establecido con la Agencia Tributaria y demás facturas es, simplemente, lo que hace cualquier contribuyente responsable. No es que tenga un mérito muy grande. Con el agravante de que si no lo hicieran ya saben lo que ha pasado a 20 kilómetros. Cómo para no cumplir.

Por todo ello, no es para sacar pecho que te hayan tenido que decir que no te puedes gastar lo que no tienes. Mucho menos, para argumentar que no los pueden sacar del Rico Pérez, aunque el problema de fondo no sea ese. El problema es que si la Justicia tarda mucho en actuar el moribundo que es ahora mismo el Hércules será un cadáver para cuando cambie de manos. Y es que, amigo Valentín, hay más de 40 millones de razones para salir corriendo. Bueno, más bien en helicóptero.

PD: La ciudad de Alicante tendrá que estar siempre agradecida por los servicios prestados por Valentín Botella a uno de sus símbolos pero, sobre todo, por ser un elemento clave para que la selección española de fútbol venga dos veces en los últimos 5 años, con todo lo que ello supone para la economía alicantina en situación de crisis.

 

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