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Diario deportivo de Alicante

Las hipotecas del Hércules

J. A. SOLER / @jasoler65

El pasado 29 de diciembre un pequeño accionista preguntó al presidente del Hércules qué cargo ocupaba Juan Carlos Ramírez en el club al no aparecer su nombre como miembro del consejo de administración. Carlos Parodi respondió que el ex dirigente del Elche CF era un  “colaborador publicitario” que estaba echando una mano a la entidad.

Una definición que refleja perfectamente el funcionamiento interno en un club en el que el supuesto colaborador publicitario tiene la última palabra en la planificación deportiva, se pronuncia públicamente sobre la continuidad o no del entrenador y también se convierte en el portavoz de la cúpula directiva del Hércules para cualquier tipo de asunto.

Pero el problema del Hércules no es Juan Carlos Ramírez ni su peculiar cuota de poder. Bastante tiene con poner su parte, y la que no es suya también, para que el equipo blanquiazul siga caminando, eso sí, con una cojera provocada por múltiples hipotecas que condicionan cualquier planificación deportiva. Una atadura que viene de lejos, pero también de arriba o del lado oscuro. A saber.

Que a estas alturas estemos hablando de si el entrenador era el adecuado para un proyecto de ascenso, que haya que dar salida a jugadores que llegaron hace menos de seis meses o que falten por cubrir puestos determinantes en el centro del campo o en el ataque significa que en verano no se hicieron bien los deberes. Es algo que hasta el colaborador publicitario ha observado. Quizás, por eso, cada vez que aparece por los despachos del Rico Pérez más de uno le huya.

Salta a la vista que las ataduras económicas y deportivas que sufre el Hércules en los últimos años tienen un denominador común para la confección de plantillas competitivas. Por un lado, el obligado cumplimiento del convenio de acreedores, consecuencia de una irresponsable gestión económica, condiciona el trabajo de una dirección deportiva que, además, encuentra otra hipoteca en el vestuario que se llama Javier Portillo.

Desde que Sergio Fernández dejó claro que no pasaba por imposiciones de quién manda, sus sucesores en el cargo han tenido que apechugar con eso mismo para asegurar sus salarios. El cuento ya sabemos como acabó y, lo que es peor, como sigue. Una milagrosa permanencia gracias a que en enero se hizo medio equipo nuevo –Pamarot, Cortés, Paglialunga, Eldin, Javito, Mario Rosas o Redondo-, un bochornoso descenso a Segunda B y ahora un Hércules sin gol que aspira a subir. Lo de jugar a algo o ganar un poco más en el Rico Pérez ya lo dejamos para paladares más exigentes.

Contaba Ricardo Reyes, periodista alicantino de Cuatro TV, en Cope Alicante que Andrija Delibasic se ha podido ofrecer al Hércules para reforzar la delantera. No es que el montenegrino sea un gran goleador, pero sí podría ser un revulsivo de cara a la afición y, evidentemente, mejora lo que hay en la delantera. Parece que la dirección deportiva descarta esta opción del gusto de la grada pero que, posiblemente, resulte molesta para el palco a distancia o para los directivos del vestuario. Una postura respetable si no fuera porque aquí se hila muy fino a la hora de buscar competencia para la delantera herculana.

Como esa es la percepción que hay en la afición desde hace mucho tiempo, tanto en el último partido de la temporada pasada en el Rico Pérez como en el primero de la actual en Elda se lió parda con Portillo. Dani Barroso y Pacheta, al igual que sus antecesores, han tenido que llevar a cabo una planificación hipotecada por lo mismo de los últimos tres años. Y, lamentablemente, con estas hipotecas estructurales, económicas y deportivas es imposible que el Hércules funcione algún día.

 

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