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Diario deportivo de Alicante

La vergüenza de Alicante

J. A. SOLER / @jasoler65 / Foto: Hércules CF

De ridículo en ridículo. De bochorno en bochorno. De vergüenza en vergüenza. De ruina en ruina. De mal en peor. De verdugos a enterradores. Esto es el Hércules de 2020 por obra y gracia de una gestión tan lapidaria como la imagen de la grada mundialista del estadio Rico Pérez.

Más allá del enésimo desastre del Hércules ante un equipo amateur (aquí se puede leer la crónica del partido), el desolador panorama deportivo, camino de Tercera División, no es lo peor que ahora mismo acecha sobre una institución casi centenaria.

Lo peor es que cada vez hay más herculanos, incluso de los de la vieja guardia, que ven en la tragedia deportiva de un hispotético descenso a una categoría autonómica la única solución al problema instalado en el Hércules en lo que llevamos de siglo XXI.

Esta terrible sensación preocupa mucho más que llevar tres meses sin ganar en Alicante, acumular 12 temporadas en Segunda B en las últimas dos décadas o que no den con la tecla en la gestión de un club deportivo y monten un numerito cada día para fichar o desfichar jugadores.

Si en Málaga han logrado sacar al jeque de la poltrona por «administración desleal» o en Murcia empiezan a sacar la cabeza tras una era de irresponsable gestión, lo que ha ocurrido en el Hércules en los últimos años supera con creces cualquier calificativo con 18 millones de euros de dinero público desaparecidos, tres concursos de acreedores y los pocos éxitos deportivos bajo sospecha.

Es momento de que el alcalde, el mismo que hace unos meses bajaba al vestuario del Rico Pérez para hacerse una vergonzosa foto electoral, se asome por los despachos de este patrimonio de Alicante para poner fin a algo que está perjudicando notablemente la imagen de la ciudad que gobierna. También es su responsabilidad velar por algo tan representativo de los alicantinos como las Hogueras o la Santa Faz.

Y no es una cuestión de dinero, simplemente de decirle a los amos que dejen el juguete en otras manos. Si es preciso, que le agradezcan los servicios prestados, le convenza que aferrarse al Hércules le hará vivir peor y que Alicante necesita otra cosa. Ni más ni menos.

En este caso, no sabemos si habrá un Hércules mejor, pero al menos sí uno más digno del que los alicantinos no nos sintamos avergonzados un día sí y otro también.

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