EuroKolada
Diario deportivo de Alicante

La solución del problema

J. A. SOLER / @jasoler65

En plenas Hogueras de 2012, hace casi dos años, firmaba un artículo de opinión en el que venía a decir que Enrique Ortiz había pasado de ser la solución al problema del Hércules. Casi 24 meses después nada ha cambiado. Bueno si, que el Hércules está a punto de volver al sitio donde el dueño sin ser máximo accionista se encontró  a la entidad alicantina. Nada más y nada menos con todo lo que ello supone. Era una cuestión de tiempo.

Es cierto que Ortiz no mete goles pero en el mundo del fútbol se los cuelan por entre las piernas, algo que no le ocurre en ninguna de sus otras actividades empresariales. Será porque en sus empresas de construcción no coloca en puestos de responsabilidad a familiares que poco o nada conocen el sector, a hijos de personas influyentes que aún saben menos o amigos de los hijos cuya experiencia es haber leído tres veces el Marca.

Esa es la estructura de club que ha creado Enrique Ortiz es este juguete para él llamado Hércules. Así, es normal que se la pegara en Primera y ahora en Segunda División. Los que le conocen bien aseguran que en sus otras empresas se rodea de los mejores profesionales. Ni se le ocurre contratar para realizar un proyecto de cierta envergadura a alguien no cualificado que simplemente se haya leído dos revistas de arquitectura. Es la diferencia que explica por qué el fútbol es el único negocio que no le funciona. Han pasado 15 años y aún no se ha dado cuenta.

Lo peor de todo es que con esta manera de actuar el Hércules ha terminado en la ruina económica, social y deportiva. Pese a tres procesos concursales la deuda se ha duplicado respecto a cuando lo cogió aunque llegó a ser diez veces mayor antes de la última suspensión de pagos. A nivel deportivo, la pésima planificación ha sido consecuencia de un convenio de acreedores que obligó a recurrir a agentes externos –Quique Pina– para que pudieran llegar a la plantilla nombres que en su mayoría ya están de vuelta en el fútbol. El resultado ya se sabe cual es. Más de 60 jornadas en puestos de descenso desde que se firmó aquella solución concursal y, ahora, a un paso del infierno.

Entre tanto, el Hércules no cuenta con director deportivo -los fichajes se hacen desde Granada-, la cantera se ha vendido a un postor italiano que se llevará al que destaque bien lejos del Rico Pérez y la afición está harta de todo esto aunque tenga miedo a expresarlo por imperativo legal en forma de multas de 3.000 euros. Todos saben que Enrique Ortiz hace mucho tiempo dejó de ser la solución, si es que alguna vez lo fue, para convertirse en un gran problema para uno de los símbolos de Alicante.

Las peñas están empezando a movilizarse para reclamar su marcha. Los medios informativos de más peso en la provincia ya lo hacen un día sí y otro también. Demasiados frentes abiertos para recuperar el control de la situación para alguien que siempre lo ha tenido. No basta con que su presidente remunerado diga que no va a abandonar el barco en Segunda B y que el Hércules tiene viabilidad en el pozo. El problema es que no tiene viabilidad alguna con Enrique Ortiz. Se ha visto en los últimos 15 años y ya lo saben todos. La solución de este problema es fácil. Ya se lo dicen por todos los sitios.

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