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Diario deportivo de Alicante

La losa que pesa sobre el Hércules

J. A. SOLER / @jasoler65

Pocos esperaban que a estas alturas el Hércules pudiera llevar únicamente 6 puntos de 21 posibles. Con la continuidad de Quique Hernández en el banquillo y el desembarco de Quique Pina en la dirección deportiva, el dueño del juguete ya se veía dentro de cuatro días por los palcos del Camp Nou o el Santiago Bernabéu. De hecho, ha empezado a dejarse ver en el del Rico Pérez, después de un año de “excedencia”, convencido de que el baloncito entraría seguro.

Nada más lejos de la realidad. Quique Hernández no ha dado todavía con la tecla después de mes y medio de competición, el equipo está cada vez más perdido y la grada empieza a dudar de todo y de todos. Que el palco vuelva a vaciarse es cuestión de tiempo si la pelotita sigue sin entrar. Y ahí está la raíz del problema del Hércules. Esto vuelve a ser la consecuencia de muchas tropelías cometidas en los despachos durante años que, indudablemente, no se pueden erradicar de la noche a la mañana.

Resulta difícil que un club funcione sin presidente conocido aunque exista alguien que ejerza y firme como tal. Tampoco es normal que el despacho de la dirección deportiva esté en Granada y no en el Rico Pérez. Y que el fútbol base vuelva a estar dejado de la mano de Dios porque quién tiene que creer en esto nunca ha creído aunque los traspasos de Kiko Femenía, Raúl Ruiz, Córcoles o Miguel de las Cuevas sumen casi tres millones de razones para creer.

El problema deportivo del Hércules va mucho más allá. Es la consecuencia de un concurso de acreedores que ha obligado al club a ponerse en manos arriesgadas. Recurrir a Quique Pina fue la única solución que encontró Enrique Ortiz para aspirar a tener algo. Con las cuentas fiscalizadas por el “amigo” Javier Tebas y las obligaciones de pago derivadas del convenio de acreedores -unos tres millones de euros anuales- la caja del club no da ni para pipas. Ni hablar de configurar una plantilla en Segunda División.

Por eso Ortiz tuvo que buscar agentes externos para que pusieran pilas a su juguete. Eso tenía un riesgo por mucho que algunas de esas pilas hayan funcionado en otros sitios. El Hércules es diferente. Tiene una losa encima que también llega al césped. El año pasado pudo quitársela finalmente de encima gracias a un milagro. La varita de Quique Hernández parece que aportó toda su magia hace unos meses. Ahora todo vuelve a ser como casi siempre en la última década y media. Es la factura que tiene que pagar el Hércules por tantos años de impagos e incumplimientos. Eso no se arregla con dos goles. Ni siquiera con un ascenso. Teniendo encima una losa tan pesada, lo normal es lo que está ocurriendo. Para otra cosa hay que encomendarse de nuevo a misericordia de la Faz Divina.

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