EuroKolada
Diario deportivo de Alicante

La insignia de los 18 millones

J. A. SOLER / @jasoler65

Parece que en Europa se están tomando más en serio que en Valencia el asunto del famoso aval de 18 millones de euros que fue concedido por el Instituto Valenciano de Finanzas a la Fundación Hércules de Alicante para suscribir acciones por ese mismo importe y convertirse en el máximo accionista de la SAD blanquiazul.

Una subvención encubierta del mismo calado a la que recibieron otros clubes de la Comunidad como el Valencia CF y Elche CF que junto al Hércules CF se encuentran en la diana de Bruselas en donde aprecian  indicios de ilegalidad en este tipo de ayudas. En caso de confirmarse que estos avales no son legales, las tres entidades futbolísticas estarían obligadas a devolver en 4 meses el dinero que les prestaron y no pagaron.

El caso del Hércules canta por soleares. Enrique Ortiz no dudó en afirmar 24 horas después de que el equipo alicantino consiguiera su último ascenso a Primera División,  en junio de 2010, que “ahora es cuando necesitamos más que nunca el apoyo de las instituciones” refiriéndose a un trato similar al que recibía el Valencia CF de la Generalitat.

El plan de Ortiz pasaba por una ampliación de capital a nombre de la Fundación de 30.647.088 €, según consta en la memoria económica del club correspondiente al ejercicio 2009-2010, mediante un aval del Instituto Valenciano de Finanzas. A esta ayuda encubierta había que sumar la solicitud de un convenio de patrocinio de 20 millones de euros. En total, el entonces máximo accionista del Hércules pretendía ingresar 50 millones de euros para iniciar la andadura en Primera División.

El IVF solo autorizó un aval de 18.000.000 € y el contrato de patrocinio con la Sociedad de Parques Temáticos de la Comunidad se redujo a 6.000.000 € por cuatro años. Precisamente, este último convenio es el que ha terminado en los juzgados por incumplimiento en los pagos por parte de la Generalitat. La justicia ha fallado a favor del Hércules en este caso.

Lo más grave de este plan es que el Instituto Valenciano de Finanzas aceptó como garantía de pago para la cantidad avalada (18 millones de euros) un plan estratégico por parte del Hércules totalmente irreal y de dudoso cumplimiento. Según el informe presentado por Enrique Ortiz, la SAD blanquiazul era capaz de generar unos ingresos en plena crisis y durante los 5 siguientes años de 197 millones de euros.

Esta desorbitada previsión se hizo utilizando unos datos estadísticos de la UEFA que estimaba en 72 millones de euros la media anual de ingresos de los clubes españoles de Primera División. Una promedio irreal porque incluía a Real Madrid y Barcelona, cuyo volumen de negocio nada tiene que ver con el del Hércules, motivo por el que la citada media se disparaba. El IVF no tuvo en cuenta este detalle.

Como tampoco lo tuvo al presentar el Hércules de Ortiz una estimación de valor del derecho de la plaza en Primera División de 53.073.665 € que, como se pudo comprobar hace poco más de tres años, tampoco se correspondía con la realidad por mucho que lo diga un informe emitido por la Liga Profesional. Tampoco hubo nadie en el IVF que se preocupara por comprobar la cuota de realismo de estos números.

Todo esto es lo que hace pensar a la Unión Europea que aquel aval de 18 millones que ha tenido que asumir finalmente el Consell, por el incumplimiento en los pagos por parte del beneficiario, destila cierto tufillo a ilegalidad. Sólo basta con mirar por encima las cuentas que presenta el Hércules en sus memoria económica.

Conociendo la historia del aval, resulta llamativo que en Bruselas se tomen más interés que en Valencia o Alicante por esclarecer una ayuda pública encubierta que, desde luego, no sirvió para garantizar la estabilidad financiera del Hércules. Más bien abrió la puerta a la ruina y al tercer proceso concursal de la SAD en una década.

Y como a la Unión Europea le dé por indagar en qué se gastaron los 18 millones de euros, alguno va a tener que desempolvar la insignia de oro y brillantes que se autoimpuso hace cuatro años,  casualmente en el mismo momento en el que entró aquel dinero en las arcas del Hércules. Hacienda también se extrañó en su momento de que el aval no se utilizara para zanjar la deuda pública. El resultado fue un bloqueo económico que impidió pagar a los jugadores y, en consecuencia, un traumático descenso que continúa asfixiando a una institución casi centenaria.

 

 

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