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Diario deportivo de Alicante

La insignia de la infamia en el Hércules cumple cinco años

J. A. SOLER / @jasoler65

El 16 de septiembre de 2010, apenas 5 días después de que el Hércules ganara en el Camp Nou al FC Barcelona (0-2), Enrique Ortiz se autoimpuso la insignia de oro y brillantes del club en un acto privado celebrado en el estadio Rico Pérez. “No diré que no me lo merezco porque sí es algo merecido”, dijo el entonces máximo accionista de la SAD que, precisamente, dejó de serlo en esas fechas por el aval de 18 millones de euros del IVF que otorgó la propiedad del club a la Fundación.

En aquel acto sorpresa no hubo aficionados ni herculanos de referencia que respaldaran el reconocimiento a quién se ha convertido más en un problema que en la solución del Hércules. Y es que, curiosamente, sólo dos meses después del día de la autoimposición de la insignia, el galardonado decidió dar un paso al costado tras ver que no le salían las cuentas en Primera División y que sacar pecho por los palcos del Bernabéu o el Camp Nou no era tan rentable como pensaba en Irún.

Más aún después de generar una deuda superior a los 100 millones de euros en sus 12 primeros años de gestión en el Hércules. Esta es la suma de los pufos llevados a tres procesos concursales en apenas una década a losque hay que sumar los 18 millones del IVF. Un dispendio de locura para estar la mitad de estos tres lustros en el pozo de Segunda B y sólo una pírrica temporada en Primera División con un ascenso bajo sospecha. Con mucho menos otros clubes llevan muchísimos años en la élite e incluso se asoman de vez en cuando por Europa.

Para algunos, todo este disparate merecía la imposición insignia de oro y brillantes. Mientras se producía el autohomenaje, otros compañeros de viaje de Enrique Ortiz en el Hércules eran embargados al no haberse hecho efectivo el pago de la deuda a Hacienda y Seguridad Social con los 18 millones avalados por el Instituto Valenciano de Finanzas. El máximo accionista lo había gastado en vaya usted a saber qué y aquellos consejeros, muchos de ellos amigos del galardonado, tuvieron que salir de la entidad para no poner más en riesgo su patrimonio personal. Seguro que a estos no les preguntaron por la insignia de quién les había metido en una pesadilla.

Aunque para pesadilla, la que están viviendo los herculanos que ven como su Hércules navega hacia la nada. Por mucho que el alcalde Gabriel Echávarri diga que los actuales gestores de la SAD tienen los días contados si no se ponen al día con el IVF, lo cierto es que este símbolo de Alicante no puede esperar 8 o 10 meses a que finalice el proceso judicial. Es demasiado tiempo y suficiente para que el que llegue después no encuentre ni las cenizas por el Rico Pérez. Eso sí, siempre quedará la insignia de la infamia.

 

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