EuroKolada
Diario deportivo de Alicante

La espina clavada y la fórmula del ascenso

FRANCISCO J. GARCÍA QUINTO

Como diría Manuel Machado, por  la terrible estepa de segundabé, en el destierro futbolístico, con veintidós de los suyos, polvo, sudor y hierro, el Hércules 2019/2020 cabalga. De forma portentosa se levantó del duro golpe asestado por la Ponferradina y en su horizonte solamente está una palabra: el ascenso.

El camino será duro, las dificultades enormes y la competitividad máxima pero la salida del pozo está más cerca que nunca si entre todos somos capaces de seguir una hoja de ruta basada en la coherencia futbolística, en la consecución de la unidad y en la búsqueda del bien común.

El Hércules somos todos, desde el primer jugador hasta el último aficionado, del periodista crítico al relaciones públicas más entusiasta,  del utillero al entrenador. Es evidente la transversalidad del asunto. Todos somos contingentes, salvo el club casi centenario y en el caso de los aficionados debemos de estar más pendientes de animar desde el minuto uno del primer partido de liga que de esas críticas de bienqueda al entrenador de turno, para adherirse a la corriente que más pita en la grada cuando las cosas se ponen feas. Lo que define a una afición grande y madura es el apoyo en los momentos más complicados. Es fácil apoyar en la victoria, subirse a la ola del triunfo pero lo que de verdad tiene mérito es animar cuando hace falta y cuando más se necesita, que es en caso de resultado adverso. Si conseguimos ese clima en el Rico Pérez se escaparán muy pocos puntos y  entenderemos que no se trata de tener razón, se trata de que gane el Hércules y seguro que Lluís Planagumà es el primer interesado en que eso ocurra. ¿Cómo ganar ? Como sea dentro de los cauces de la legalidad y la deportividad, pero entendamos que las florituras no proceden en esta categoría donde se impone el esfuerzo físico colectivo y la verticalidad por encima del sobeteo del balón y el juego preciosista.

Así que todos debemos ir a una con Planagumà y los jugadores. La unidad es indisoluble. El entrenador es inteligente y sabe perfectamente aquello que funcionó muy bien y lo que por desgracia no dio rendimiento. Va a intentar corregir algunos mecanismos ofensivos pero todos debéis entender que él no es el que mete o falla los goles. Depende de sus jugadores como todos los entrenadores del mundo. Y si el año pasado fuimos un poco justos  porque algunos de los mejores jugadores ofensivos se incorporaron más tarde y sin hacer la pretemporada con el club, ahora tienen la oportunidad de empezar desde cero , con la tranquilidad de conocer ya muchos fundamentos del mister y a la mayoría de sus compañeros.

Y además este año tenemos a un todocampista como Yeray, cuyo perfil no encontrábamos el año pasado, al igual que Alejandro Alfaro, un jugador versátil y de muchísima calidad  que probablemente ayude a dar ese pequeño salto de calidad en los momentos clave para desatascar encuentros o  a Moha Traoré que con espacios en el Rico Pérez puede ser una pesadilla para las zagas rivales. La delantera Benja, Jona, Carlos Martínez, Moha, Alejandro Tarí, Jesús y Alejandro Alfaro probablemente sea de las tres mejores de toda la categoría y a priori asusta y no poco a los rivales.

A falta de concretar alguna llegada de calidad y contratar a algún sub-23 que equilibre un poco más la plantilla en algunos puestos concretos, tenemos con mucha diferencia la mejor plantilla desde el descenso en 2014. El trabajo de Javier Portillo en la dirección deportiva debe ser puesto en valor. No sólo ha sido capaz de mantener al entrenador que nos llevó a play off y que casi nos asciende y a la base de jugadores de la notable campaña pasada sino que se ha movido rápido y bien en el mercado  para tener casi cerrada la plantilla en el inicio de la pretemporada y  buscar de este modo  la excelencia desde la primera jornada.

Que a nadie le quepa la menor duda que la coherencia y el trabajo bien hecho darán sus frutos. Solo recoge aquel que siembra y en este sentido la planificación deportiva es una de las mejores de estos últimos treinta años. Tenemos un Hércules reconocible, compacto y aspirante, justo lo que necesitamos para quitarnos la espina clavada de la que ayer habló Yeray González en su presentación y dar con la fórmula del ascenso una década después del logrado en Irún.

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