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Diario deportivo de Alicante

La enésima cortina de humo

J. A. SOLER / @jasoler65

Los 15 años de Enrique Ortiz manejando al Hércules han servido, además de llevar al club a la ruina económica, deportiva y social, para comprobar las previsibles reacciones del mandamás ante situaciones de crisis en la entidad. Basta con tirar un poco de memoria para ver como la historia se repite cada vez que la gestión del que mueve los hilos blanquiazules salta por lo aires.

“Cuando mayor es el problema, más fácil es la solución”. Es uno de los lemas de Enrique Ortiz que ha venido aplicando en estos tres lustros con muchas más sombras que luces. Hace poco más de diez años tuvo que sacar de la chistera a Javier Subirats para la dirección deportiva tras la dimisión de un cuerpo técnico harto de sus incumplimientos. Fue la primera cortina de humo empleada tras desatar una gran crisis abierta que zanjó con la incorporación estelar del valenciano y el ascenso de Valentín Botella a una presidencia que durante unos pocos meses ostentó el propio Ortiz.

Cinco años después, la gestión de Subirats quedó en entredicho con fichajes de dudosa procedencia como Diego Mateo, Kiran Bechan, etc. y el propietario del Hércules tuvo que recurrir a Juan Carlos Mandiá, el técnico que había sacado al equipo del pozo de la Segunda B en 2005, para mitigar otro momento complicado. Al técnico gallego le otorgó carta blanca para un costoso proyecto que pese a sumar 78 puntos no logró el ascenso a Primera División. Esos 78 puntos provocaron que la deuda del club aumentara en casi 9 millones de euros durante ese ejercicio.

Una nueva crisis institucional se originó en septiembre de 2011 tras la inesperada decisión de Enrique Ortiz de nombrar a Carlos Parodi como consejero delegado. Perfecto Palacio, que en tres meses hizo lo que no se había hecho en 12 años, dimitió por ello. Sergio Fernández, director deportivo elegido por el amo del club para tapar las vergüenzas de la aventura en Primera División, también amenazó con irse. La solución de Ortiz fue otorgar plenos poderes al excapitán herculano.

Una nueva cortina de humo porque meses después lo desautorizó con la incorporación de Javier Portillo. Una historia que volvió a destapar la caja de los truenos en el Hércules durante el verano de 2012. Como hiciera diez años antes, Ortiz recurrió a un viejo amigo de Valentín Botella para tapar el enorme agujero. Jesús García Pitarch fue el caro escudo elegido para tratar de minimizar la enésima crisis abierta. El inventó no coló entre una afición que era plenamente consciente de la nula credibilidad del empresario.

Ahora, con el Hércules a las puertas de la Segunda B y con voces poderosas pidiendo su marcha, Enrique Ortiz vuelve a actuar a la desesperada con movimientos en una dirección deportiva en la que no cree –Dani Barroso, un buen profesional, no lo va a tener fácil para hacer lo que necesita el club- y en los despachos con la idea de moverle el sillón presidencial a su delfín Carlos Parodi para que lo ocupe Luis Castillo, el mismo que en 20 años ha pasado de postularse a favor de los pequeños accionistas a juntarse ahora con el más grande de los pequeños accionistas. La penúltima cortina de humo que, además, ha revolucionado el gallinero interno. Cuando llegue la última, lo mismo no queda ni humo para hacer otra cortina. Ni siquiera el humo del puro.

 

 

 

 

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