EuroKolada
Diario deportivo de Alicante

La contracrónica: Teruel sí que existe

ÓSCAR CRESPILLO/ @ocrespillo

¡Y tanto que existe! Con lo bien que pintaba el fin de semana. Y es que tanto gozo no es habitual en la vida de unos herculanos.

El sábado por la mañana decidimos ir a pasar el día y la noche a la localidad que me vio crecer verano tras verano. La misma que reza aquello de “Blanca de sal y morena de soles”: Torrevieja. Bañarte en la playa que hacía 34 años que no pisabas, sentir la brisa marina por el paseo Marítimo que de niño conocías como la palma de tu mano, y hasta saludar a gente que no veías desde entonces fue una inyección de moral mezclada con grandes dosis de emociones.

Pero lo fuerte debía llegar el domingo por la tarde. Por ello insistí e insistí a la familia que debíamos salir de la vecina localidad antes de comer: para poder llegar sin prisas a la millor terreta (escondiendo los nervios de la previa del partido del Hércules lo máximo posible) y encaminarnos al Rico Pérez.

Poco sabíamos del recién ascendido Teruel, excepto que sabía y gustaba jugar la pelota. De camino al estadio recordaba (y contaba a mi pequeña) las manías de algunos futbolistas a la hora de saltar al estadio: que si santiguarse, que si pisar primero con el pie derecho el césped,…pero lo que más le gustó fue lo de poner ajos detrás de las porterías:

-“Papá, ¡¡¡pero si ahí no pueden crecer ajos!!!”

Y en ese momento dudé de todo: me vino a la mente el cierto estado de euforia de algunos comunicadores o contertulios. Recordé que esta misma semana se llegó a hablar de ganar ocho partidos seguidos. Como también recordé que un buen amigo me hizo llegar varias imágenes y declaraciones de gente que daba por hecho que venceríamos con solvencia al equipo aragonés y hasta que este año  subimos seguro. ¡Leñe!, no seamos tan valientes que de gafes está lleno el mundo.

Nada más llegar a nuestro templo uno observaba que la afición está con el equipo. La lástima es que el club no esté con la afición y les hiciese soportar en taquillas unas colas tercermundistas, bajo un sol de justicia, porque deciden abrir solo tres ventanillas.

Una vez dentro, mi hija quiso hacerse un selfiecomo el señor ese de ahí”. Se refería a un auxiliar (o lo que sea) que está en una valla separadora y que se hacía fotos como si se encontrase en el mejor museo del mundo. Bueno, para nosotros nuestro estadio es más que eso, pero no pudimos dejar de recordar los amigos (exempleados todos) que cuando éramos porteros del Rico Pérez teníamos que pedir permiso (y a veces esperar unos buenos minutos) hasta para poder ir al aseo. De eso a hacerse selfies durante la jornada laboral. Me alegré mucho que el club haya decidido dejar disfrutar a los empleados que ahora tiene aunque sean de una empresa externa.

Cuando comenzó el “espíquer” con los saludos y alineaciones ya me dí cuenta que la cosa no pintaba bien: era otro chico el encargado de hacerlo. O al menos parecía otra voz. Y encima, el equipo rival tenía en sus filas a Franco. Que servidor puede estar muy justito en muchas cosas pero en sentir gafes y malos augurios soy un crack. Y fue oir Franco, la gente reírse y yo pensar que no estaba el tema para tanto cachondeo.

Y así fue. El míster herculano que le da el segundo ataque de entrenador del año y que vuelve a apostar por Adrián y deja en el banquillo a Nani. La primera vez que lo hizo salió bien porque el equipo ganó. Pero jugar varias veces a la ruleta rusa eleva las posibilidades que la bala acabe saliendo por el cañón de la pistola.

Seguido, nada más empezar, marca el Teruel. Y a los minutos, Chechu, el calvo prodigioso, que se nos lesiona. Y este escribano que ya tenía bien claro que los gafes existían y bien vivos que estaban. El resto ya lo saben: balones sacados en la misma línea del gol, que si balón al palo, que si hacemos internacional al portero visitante…y el 0-2:  marca Franco.

Y tocó aplaudir a rabiar al equipo. Jugamos como nunca y perdimos… por vez primera. Cuando menos lo merecimos. Pero el esfuerzo de los chicos y el partido brindado bien mereció esa ovación. Solo falta que Samuel deje sus “samueladas”, que José Fran se crea lo buen futbolista que puede llegar a ser, pensar que fue el partido tonto de Carlos Martínez, y pensar que en este partido agotamos toda la mala suerte que pueda tener nuestro equipo esta temporada.

¡Ah! Y que los cenizos estén más callados. Que por mucho que tengamos entre nosotros a la peña ANTIGAFES hay gafes que no tienen réplica energética posible. Y por favor, sonrían como hizo mi pequeña con su bufanda a pesar de la derrota, y no se rían de mis creencias: si ha quedado demostrado que Teruel existe, este domingo quedó demostrada, una vez más, que los cenizos, como las meigas, haberlos haylos.

You must be logged in to post a comment Login

¿Qué opinas?

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.