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Diario deportivo de Alicante

La contracrónica: Gonzalo, el sorteo y el fútbol

ÓSCAR CRESPILLO/@ocrespillo

    El domingo amanecía con buena pinta. Cierto es que hacía cierta frescoreta alacantina pero el sol comenzaba a asomar y hacía presagiar que sería un buen día de Reyes.

   En casa, la peque despertaba y, aunque somos más de hacer los regalos con el señor gordo y que viste de rojo, siempre tienen algún detalle los señores de Oriente con ella. Así, tras despertar ella contenta, con su ilusión por las nubes, mis suegros (que están pasando unos días con nosotros) no pudieron evitar que Morfeo les abandonase debido a  los gritos de felicidad de mi hija al abrir los presentes.

   Gonzalo, mi suegro y sin embargo amigo, hizo su ritual lotero. Dicho ritual consiste en ver el Sorteo del Niño (al igual que hace con el de Navidad) con la mesa llena de los décimos que ha comprado (son más de diez) y con la esperanza puesta en que un buen premio anime la mañana…y el año.

  A la misma hora del Sorteo del Niño jugaba en Son Malferit el Hércules. Y como a terco no le gana nadie al bueno de Gonzalo, él tenía que ver los números agraciados en directo. Mientras, servidor tuvo que irse a la tele de la cocina porque mi ilusión era ver a nuestro equipo.

  “Sí, es la primera vez que nos televisa la nueva tele valenciana”, le decía yo como si se tratase de un niño que ha recibido unos zapatos nuevos.

  Él afirmaba: “palmatoria, Óscar”.

   Eran los primeros minutos y yo soñaba. El Hércules, aún vestido de abeja Maya, parecía querer tener la posesión de balón y Carlos Martínez parecía tener hambre de gol. Además, el locutor de À Punt parecía herculano y todo pues la forma de retransmitir los ataques del conjunto alicantino no eran con el tono acostumbrado que nos tenían en la extinta Canal Nou.

   Pero esos minutos en los que la ilusión mía era protagonista duraron poco. Exactamente doce. Primera llegada de peligro del Atlético Baleares y Samuel, que debía estar pensando en el roscón aún, pierde su marca. Gol de Nuha.

   -“¡Gonzalooooo, ya ha marcado el Baleares!”

   -“Bueno, aquí aún están con el sorteo. Si quieres venir a verlo…”, me dijo con cierta sorna.

  Yo seguía soñando. ¡Menudos somos los herculanos en eso! Hasta que seis minutos después, Adrián se sumó a la “fiesta del despiste” que inauguró Samu y deja rematar solo a Villapalos un córner. 2-0.

    -“¡Gonzaloooooo, gol del Baleares!”

    -“Si ya me lo has dicho antes, leches”.

    -“¡Qué va! Es otro”.

    El sorteo terminaba. Al final, habiendo jugado mi querido suegro 12 décimos, que suman un total de 240 euros invertidos, consiguió 60 euros en premios. Un desastre.

   El partido del Hércules daba más pena por desastre que el resultado que obtuvo Gonzalo. Falcón nos salvaba de una goleada antes del descanso.

   Y con esos mimbres, mi querido familiar dio con la tecla: “Óscar, ¿nos vamos a tomar unos vinos y gastamos los 60 euros que he recuperado?”.

   Y, ¿saben algo? Fue lo único que valió la pena en todo el fin de semana. Bueno, eso y la ilusión de la peque. La mía me la quitaron. Y mi suegro, muy del Sporting, tampoco es que la tenga por las nubes. Esperemos que sin Reyes de por medio alguien vuelva a regalárnosla.

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