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Diario deportivo de Alicante

La contracrónica: El mejor homenaje

ÓSCAR CRESPILLO/ @ocrespillo

Habiendo pasado mi cumpleaños un día y teniendo el del hermano pequeño tres días después, mi madre optó por lo más sencillo: juntarnos a todos en su casa para comer. Medallones de cerdo ibérico con patatas y ajetes tiernos al horno. De categoría, oiga.

Mientras degustábamos tan delicioso manjar, el tema de conversación era si la lluvia nos daría tregua para poder ir a ver a nuestro Hércules o si la gota fría llegaría con virulencia a nuestra ciudad. Lo que estaba claro es que la peque no vendría. No me fiaba que cayese la mundial a mitad de partido y lo mejor era que se quedase con su abuela (lala la llama ella) jugando a lo que fuese.

Una hora antes de comenzar el partido ya estábamos mi señor padre y yo en el barrio de San Blas Alto porque queríamos tomar un café con truco pero, para sorpresa nuestra pues no es habitual, los bares estaban cerrados. Así que nos acercamos despacito hacia el Rico Pérez dando un paseo y recordando tantos años de servicio que dimos ambos al club de nuestros amores.

Le recordaba yo, que debuté la temporada en la que el Hércules subió a Primera con Sigüenza, Pavlicic, Jankovic,…es decir, en el año 1995. Así que estuve en el club, aproximadamente, veinte años. Mi padre, cuyas piernas empiezan a fallarle a sus 73 años pero la cabeza la mantiene intacta, se atrevió a decirme la alineación entera del primer partido en el que él trabajó para nuestro equipo: la del Hércules-Barcelona en la inauguración del Rico Pérez un tres de agosto de 1974. Hablábamos de cómo ambos habíamos dejado de trabajar para el club, por diferentes razones, hasta que me dí cuenta de algo.

-“Papá, o sea, al dejarlo la temporada pasada, has trabajado la friolera de 43 años en el Hércules”.

Sonrió y con cara melancólica me dijo: “más o menos”.

No se lo dije a él pero me vino a la cabeza algo inmediato: ¿cómo una persona que ha estado en el club cuarenta y tres años no ha tenido ni un simple pin tras su marcha como trabajador? Y  más teniendo en cuenta que empezó de portero (de las puertas), llegó a ser Presidente del Comité de Empresa y acabó siendo Jefe de Sector.

Sabiendo la parte sentimental que se esconde tras esa barba blanca y  descuidada que tiene su cara, decidí cambiar de tema: “pues este año están muy bien… ya verás a Carlos Martínez, a Chechu y los últimos minutos de Juli. Parece otro equipo”.

No acerté pues Juli salió de titular. Pero marcar en la primera llegada tras una jugada de Nani hizo que mi padre creyese que estaba viendo a su otro equipo: el Real Madrid.  “Caramba (realmente dijo otra palabra), ¿pero esto qué es?”

El Espanyol B apretaba. Apretaba mucho. Pero se les veía flojitos a la hora de rematar la faena. De hecho, ni remataban.

Así llegamos al descanso, fuimos al aseo (cogido de mi brazo pues esas escaleras le cuesta Dios y ayuda bajarlas con seguridad) y fuimos a nuestros asientos para comprobar si la charla del míster en el descanso surtía efecto y no sufríamos tanto. Eso sí, lamentábamos las dos claras ocasiones de Chechu para asegurar la victoria.

-“Claro, las ha fallado, pero cualquiera le echa en cara nada al calvo”, me dijo sentenciando.

Y no, el segundo tiempo fue calcado a lo ocurrido del minuto 15 al 45 de partido. Pero además, Falcón hizo una parada meritoria y otra, que si la hace Courtois estaría llenando las tertulias deportivas durante meses.

-“Pero Óscar, ¿no decías que Falcón este año estaba flojo?”

Y yo pensé: “qué guapo estás callado”.

Finalizó el partido, no sin antes soportar tres minutos de lluvia intensa. Todos en pié a aplaudir. Que sí, que ser líder es algo meritorio y aguantar el asedio del Espanyol B durante 75 minutos, también. Pero aplaudir con el paraguas en las manos es otro nivel…

No acerté con lo que dije de Falcón, no fue el mejor encuentro de los jugadores blanquiazules y mi padre que se resignaba: “veremos cuando puedo venir a otro partido porque subir andando hasta el estadio solo…no me fío”.

Mientras, yo seguía pensando en los 43 años de servicio a una empresa (ahora) y a un club (antes). Y como, a pesar de haber lidiado con las peores y haber bailado con las más guapas, seguía su amor hacia su equipo intacto.

Sí, Martos, dudo mucho que tengas pin, placa o aplausos. Pero yo quiero el mejor homenaje que pueden hacerte, y creo que es el que deseas: un ascenso. Sufriremos mucho para conseguirlo pero lo merece la afición, la ciudad y exempleados como tú.

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