EuroKolada
Diario deportivo de Alicante

La contracrónica. Delante del televisor

ÓSCAR CRESPILLO/ @ocrespillo / Foto: Hércules CF.

No tenía planeado un domingo de los habituales. Primer día de vacaciones y todo apuntaba a que podría pegarme el primer atracón de fútbol en muchos años.

La mañana comenzó bien. Mi querida compañera de fatigas decidió ir a la piscina con nuestra querida hija y conseguí ver el Levante 2 Valencia 2. Lo de que comenzase bien no tiene nada que ver con que el conjunto ché no se llevase los tres puntos, no tenga usted mala idea.

Continuaba el domingo y pude simultanear la victoria del Alavés de Sergio Fernández al Espanyol con la del Sporting al Extremadura. Bueno, simultanear…ahí se empezaban a torcer las cosas pues a esas horas mi esposa estaba en casa y, como buena sportinguista, decidió que era más importante para nuestras vidas ver más al equipo de su tierra que al de mi amigo Sergio. Eso sí, prometió algo que me sedujo: “como tienes ganas de ver al Hércules, luego bajaré al parque con la peque y podrás ver el Barcelona y a tu equipo”.

Del partido del Barcelona solo ví hasta el 2-1. Pensé: “un bañito en esa preciosa piscina me vendrá bien antes de degustar una cervecita mientras veo  tranquilo a los chicos de Planagumá”.  Lo que yo no sabía es que el futuro más inmediato me tenía preparada una encerrona y la familia decidió volver a casa antes incluso que comenzase “nuestro partido de la jornada”.

La tarde amenazaba con romperse y mis sospechas se incrementaron cuando al conectar el canal del Villarreal observé que el narrador tenía la voz idéntica al presentador de televisión de les Festes de la Comunitat, Julio Tormo. Algo empezaba a fallar. Oir un partido pensando que en cualquier momento podría decir ese locutor: “donem pas a la Bellea del Foc…” me hacía estar descentrado. Aunque él no parecía estar mucho más centrado que yo pues cuando nombró por vez primera a Falcón dijo de él que “és un exchugaor molt important”. Claro, que su compañero de retransmisión no se quedó corto al afirmar que más de trescientos seguidores del Elche se habían dado cita en Villarreal. “Vaya ganas de liarla tienen los vecinos”, pensé yo buscando banderas franjiverdes. Caí en la cuenta que se trataba de un error cuando pidieron perdón por decir Elche y no Hércules. “Solo falta que el Julio Tormo este confunda Fogueres con Fallas”, me dije a mí mismo.

En ese momento apareció en casa mi preciada familia. Ni cerveza, ni fútbol en tranquilidad. Mientras Chechu remataba de cabeza picado y el balón salía por encima de la portería, mi peque se entretenía (y me entretenía) con un juego de vestir y pintar chicas en el móvil.

-“¡Papá, ha ganado mi muñeca!” Mi pensamiento fue: “niña, calla”. A lo que mi boca dijo: “me alegro, cielo”.

De lo que no me alegré fue del mano a mano que falló Carlos Martínez. Mala suerte. Como también fue mala suerte que mi hija insistiese: “Papá, mira, tiene el pelo verde”. Ante la moda de los futbolistas de hacerse los peinados más variopintas comencé a buscar qué jugador groguet llevaba el pelo de ese color…Y no, se refería a que a la muñeca del juego ella había decidido ponerle ese peinado.

Cinco minutos antes del descanso llega una nueva  indicación. Pero no desde la banda, si no desde el salón de casa.

-“Óscar, hoy te toca hacer la cena a ti, y empieza a ser hora de cenar”.

Mi pensamiento, como es imaginable, fue: “Está jugando bien el Hércules, íbais a estar en el parque, y ahora me toca perderme parte del partido”. Y mi boca dijo lo que debía decir para poner las cosas en su sitio: “Claro que sí, cariño. En el descanso la preparo. ¿Te apetece algo en especial, mi vida?”. Y es que yo, cuando me pongo, me pongo.

Comienza el festival. Marca Emaná. El grito que pegué fue de los buenos.

-“¡Papá, no grites así que me asustas!

-“Claro, princesa”. Y prometí no gritar más. Y lo cumplí hasta que empató el Villarreal B. Solo que ahí grité otra cosa: “Falcón, ¡en tu palo no! ¡Por tu palo noooooooo!

Agonizaba el partido y se acababa la cena: los pinchos morunos que cociné tenían más pimienta picante que moreno Barry White, y eso hacía que servidor sudase más que cualquiera de los jugadores que estaban dentro de mi televisión corriendo. Y mi hija insistía: “Papá, aunque no ganemos no voy a decir que el Hércules es un champiñón”.

¡Ay, mi hija!. Cuánto se hace querer. Pero si tener una hija es precioso, tener un nieto debe ser increíble. Antes, se decía que tener un tío o un abuelo con pasta era muy importante. Los herculanos con poco nos conformamos, y con tener un Nieto con suerte somos felices. Y lo fuimos. Despeje-churro-centro-chut del lateral herculano y Joan Femenía hizo el resto.

¡Goooooooooooooooooooooooooooooooooool!

En casa, abrazándonos. El Julio Tormo del Villarreal alucinado. Y los pinchos morunos que me hacían sudar y sudar.

Nos dimos cuenta que este Hércules trabaja, sufre, es un bloque y tiene suerte; mucha suerte. También nos dimos cuenta que jamás debo añadir pimienta a unos pinchos morunos. Ya sabemos que a mi hija le gusta el pelo verde en las muñecas de juegos de móvil.

Así que prometo seguir cocinando así de mal, descargar a mi peque todos los juegos de móvil que desee y hasta preparar la cena a diario si el Hércules sigue así de bien. Soy esclavo de mis palabras, pero más lo soy del sufrimiento de esta maldita Segunda B.

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