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Diario deportivo de Alicante

La condena social a Ortiz y Portillo

J. A. SOLER / @jasoler65

Sonia Castedo decía en la víspera del juicio en el estadio Rico Pérez a la gestión de Enrique Ortiz que era momento de escuchar a la gente. A la vista de como se están tomando los gestores del Hércules el contundente mensaje enviado por los más fieles de una institución con 92 años de historia, da la impresión de que no han escuchado nada. En cambio, para los que escuchan o saben escuchar, queda claro que tanto Enrique Ortiz como su yerno Javier Portillo han quedado sentenciados por la afición.

El fútbol es lo que es por los aficionados que mueve. Sin ellos, este deporte tendría la misma difusión que otras disciplinas mucho más exigentes para sus practicantes y, lamentablemente, mucho menos reconocidas socialmente. En ese hipotético escenario de escasa repercusión social del balompié, ni los salarios de los futbolistas serían como son ni algunos empresarios verían nichos de negocio en este invento del baloncito.

Viene esto a cuento para que algunos, que ni siquiera han aprendido la primera lección del fútbol por más que lleven 15 años, entiendan que cuando la afición dicta sentencia contra alguien es muy difícil revertir esa situación. En el Hércules aún lo es más y con Enrique Ortiz, teniendo en cuenta sus antecedentes futboleros, es imposible. Por ello, los herculanos incondicionales, los mismos que sienten y padecen de verdad por su equipo, han dicho basta sin miedo alguno a un cambio drástico.

Porque después de ver todo lo que ha acontecido durante las dos últimas semanas y, especialmente, durante el último partido queda meridianamente claro que el futuro de Enrique Ortiz y Javier Portillo en el Hércules es igual a los minutos que jugó ante el Barça B el yerno de quién controla el club sin ser el dueño. Ninguno. Y después de borrarse para no escuchar lo que iban a escuchar, uno en el palco y el otro en la cancha, no es que estén sentenciados sino que también están condenados.

Si la alcaldesa ha escuchado de verdad, sabe que por la cuenta que le trae tiene que tomar cartas en el asunto con inmediatez. Es consciente de que esta lluvia de protestas dirigidas a Enrique Ortiz terminarán desviándose hacia los que desde el poder han permitido y consentido durante años una serie de actuaciones que han desacreditado y arruinado a uno de los símbolos de Alicante. Lo tiene fácil. Simplemente tiene que aplicar la ley e impedir que el Hércules siga controlado por un accionista minoritario que, además, está imputado por varios casos de corrupción.

Llegan días festivos con actos populares en Alicante a los que asisten multitud de herculanos que, como se ha podido apreciar, quieren otra cosa en el Hércules. Solo es cuestión de escuchar al pueblo y actuar en consecuencia. De lo contrario, igual dentro de un año la calle quiere otra cosa para la ciudad. Y más que por una causa futbolera, un tema  menor con la que está cayendo, es una cuestión de justicia social. Poder, puede. Falta que quiera o se atreva.

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