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Diario deportivo de Alicante

La condena social del Hércules

J. A. SOLER / @jasoler65

Que el Hércules ha llegado a un punto muy peligroso es una evidencia. Y no solo por la cuestión deportiva, que también, sino a nivel social. El pasado sábado, con lo que se jugaba el equipo de Quique Hernández, el Rico Pérez registró una de las entradas más pobres de la temporada.

Es cierto que en plena Semana Santa se hace cuesta arriba acudir al estadio, pero hace un año hubo casi 10.000 espectadores en el encuentro contra la Ponferradina que se disputó el Domingo de Pascua. Igualmente, en otras ocasiones se han registrado importantes asistencias en el Rico Pérez en estas mismas fechas. No debe servir como excusa.

El problema es mucho más profundo y grave. Cada vez hay más herculanos, de los que llevan muchos años y décadas abonados a su equipo, que han dejado de padecer y hasta de asistir al estadio. Dice alguien que lleva al Hércules en la sangre y que ha recorrido media España para ver a su equipo que la afición blanquiazul ha llegado a peligroso punto de desencanto que ha conducido a la impotencia y, lo que es peor, a la indiferencia.

No es por una mala racha de resultados, que a eso no hay afición más acostumbrada y paciente que la del Hércules, sino por el resultado de la pésima gestión de Enrique Ortiz al frente del club. En los últimos años son muchos los abonados que se pierden por todo lo que rodea a la entidad y no tanto por si la pelotita entra o deja de entrar. “Nos están tirando del Hércules”, se escucha con frecuencia entre la masa social blanquiazul ante las tropelías que se hacen día sí y día también en el club de sus amores.

Hasta foros de internet como Machohercules.com apenas tienen actividad cuando hasta no hace mucho se editaban cientos o miles de mensajes diarios. En la actualidad, la mayoría de días apenas supera la media docena de comentarios entre aficionados. Un detalle tan significativo como alarmante ya que los foros de opinión en otros clubes de un potencial social similar al Hércules se mantienen bastante activos.

Mucho más preocupante que el Hércules esté a un punto del descenso, incluso que retorne a Segunda B, es que su afición se diluya entre el desánimo y el hastío. Una hipotética debacle deportiva tendría un responsable con nombre y apellidos, un supuesto cataclismo social sería la condena definitiva del club. Esto es lo verdaderamente preocupante y además de un responsable tendría un único culpable.

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