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Diario deportivo de Alicante

La condena de “Hércules encadenado”

FRANCISCO J. GARCÍA QUINTO. Abonado 1.055 del Hércules.

Cada vez que pienso en el proyecto de Portillo y Ramírez en el Hércules me acuerdo de la célebre tragedia griega, atribuida a Esquilo, llamada Prometeo encadenado. En esta tragedia el titán es condenado por desafiar a los dioses y su condena consistía en que cada día un buitre le devoraría el hígado sobre la roca en la que permanecía encadenado en un lugar remoto de la región de Escilia.

El paralelismo entre el titán y el Hércules actual es total desde 2012, el fuego robado del Olimpo podría equivaler a la vuelta de Javier Portillo como jugador en aquel nefasto verano. Desde ese momento todo lo que tiene que ver con el Hércules es una condena contra la ilusión de los aficionados. Y no es una condena cualquiera sino una cruel y dolorosa, con carácter cíclico y administrada en forma de derrotas y fracasos por doquier. Pero no nos engañemos, su vuelta fue el detonante, pero no la causa de esta ruina que aún hoy sufrimos. El gran problema es que no hay un buen proyecto deportivo desde que se fue Sergio Fernández, ya sea por falta de dinero, aptitud o ambas cosas y esto ya empieza a cansar mucho a la paciente grada del Rico Pérez.

Se puede aguantar tener un año malo, quizá dos, pero si sales a fracaso por temporada y no hay un cambio profundo, es obvio que  el resultado que cosecharemos será el mismo. Aquí se cambia demasiado de entrenador y jugadores pero no se apuesta decididamente por cumplir el objetivo que todos queremos. Se apuesta por cambiar la superficie, la apariencia, pero en el fondo todo sigue igual y mientras no se ponga toda la carne en el asador esto seguirá siendo un quiero y no puedo.

No podemos competir por ser primeros porque los aspirantes a ello en este grupo tienen mejores directores deportivos, mejores entrenadores, mejores futbolistas y más dinero. Se suponía que el club este año se había gastado mucho dinero y si lo ha hecho desde luego lo ha hecho mal y además tarde. Ahora pagamos las consecuencias de haber perdido muchas primeras opciones. Los jugadores que han venido no están a la altura de las circunstancias y en un alto número no aportan lo que deberían, pero llegados a este punto la culpa no es solamente suya sino fundamentalmente de las personas que los han traído. Si el año pasado Portillo fracasó al lado de Barroso, nada hacía indicar que este año en solitario o formando tándem con un desconocido fuese a acertar. Pero en fin, sabemos que tienen patente de corso para equivocarse y fracasar. Es lo que hay.

Y como es lo que hay estamos condenados, porque Illueca que es el único que puede hacer algo para cambiar de gestores, no va a hacerlo. Estamos condenados porque Ortiz desde hace mucho tiempo se niega a invertir la cantidad de dinero suficiente como para conseguir las metas y los socios que trae tampoco son la panacea. Como no habrá cambio de gestores, lo único que puede cambiarlo todo es el dinero de los que no quieren ponerlo o lo ponen menos de lo que deberían. Es como el perro del Hortelano que ni come ni deja comer. Pero no solamente se trata de invertir dinero, sino de invertirlo bien y para eso hay que recurrir a profesionales consumados, traer a los mejores en cada puesto, no sirve cualquiera, ni como director deportivo, ni como entrenador ni como lateral izquierdo, delantero o mediocentro.

El Hércules sigue y seguirá encadenado a Ortiz y Ramírez hasta que se consume su desaparición, muy probablemente hasta entonces encadene un fracaso tras otro y muchísimos herculanos abandonen el Rico Pérez hartos de seguir a un club perdedor en el terreno de juego y lamentable fuera de él. Con mucho dolor hay que decir que no se merecen a la gran afición que tienen y por supuesto nosotros los aficionados no nos merecemos tan mala gestión. Lo más sensato es que todos nos hagamos a la idea de que no vamos a conseguir ningún objetivo grandioso con estos jugadores, este entrenador y estos dirigentes. O hay un cambio drástico en la gestión o el resultado será deprimente y la condena seguirá porque cada vez que juguemos ante un rival directo, este se convertirá en buitre para devorar nuestro hígado jornada a jornada, temporada a temporada ante la atenta mirada de los que están en el palco y de los impotentes aficionados que pagan su abono, ayudan a sufragar este fracaso y son cómplices con su silencio de lo mal que se hacen las cosas en este club. Prometeo engañó a los dioses al igual que el club y su entorno oficialista nos engañan a nosotros cada verano y si alguien no lo evita a tiempo tomando decisiones eficaces, seguramente esta temporada deportiva acabará  en tragedia griega o a lo más en insulsa Batracomiomaquia.

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