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Diario deportivo de Alicante

La Chechucracia y el delantero que no llega

FRANCISCO J. GARCÍA QUINTO

Desde finales de agosto de 2014, tras el doloroso descenso de categoría, el Hércules deportivamente vive su particular Chechucracia o el gobierno, dominio o fuerza de Chechu Flores sobre todos los demás jugadores. Sin él en el campo el equipo no sabe ni puede ganar, a veces parece cuestión de suerte pero no lo es. Todo lo bueno que se ha conseguido en todo este tiempo ha sido con él en el césped, bajo su tutela y liderazgo, aunque jugase lesionado o a medio gas. Es nuestro particular Cid Campeador. Uno de los pocos jugadores de la plantilla con arrojo y desequilibrio, así que no es de extrañar que su baja aumente las dudas de un equipo flojo, sin personalidad y que añora la figura de alguien que sabe explotar al 100% sus virtudes en esta ingrata categoría. Alguien capaz de ir a rematar de cabeza en ausencia de un delantero centro, pese a su escasa altura. Alguien valiente en definitiva y con personalidad.

Pero con Chechu no basta, eso es de todos conocido. Primero porque él es un jugador de banda, segundo porque se pasa ya media vida recuperándose de una espiral de lesiones musculares y tercero porque esto es un deporte en equipo y precisamente su equipo ha demostrado no estar a la altura del jienense afincado en Granja de Rocamora.

Me parece genial que Chechu sea el mejor, no tanto sus reiteradas ausencias y mucho menos que ni Barroso ni Portillo en tres años hayan logrado firmar a alguien capaz de tirar del carro junto a él en momentos complicados, sobre todo en ataque. Porque la historia dice que en estos cuatro años, salvo aquel medio año de Mainz, no hemos tenido un buen delantero que marcase las diferencias. Ni Portillo, ni Fernando, ni Mariano, ni Berrocal, ni Carlos. A Gato y a Óscar Díaz no los cuento porque para mí no son delanteros de referencia.

Y por lo que parece pretendemos seguir igual, sin un buen delantero goleador. Jugando con fuego y haciendo declaraciones falsas como ” hay fondo de armario”, “ tenemos mejor equipo de lo que indica nuestra posición” o “el Hércules es una de las tres mejores plantillas de la categoría “. Con autobombo, autoengaño y prepotencia no creo que consigamos nada bueno.

Creo que en esta vida hay que saber reconocer los errores que se cometen y tener la suficiente humildad para saber que si estamos séptimos es porque hasta el momento hubo seis equipos que fueron mejores o más regulares. Si estamos a dieciséis puntos del líder o a diez del segundo en la jornada 22, será porque no somos ni de lejos el equipo a batir. Y si después de cuatro temporadas Chechu medio lesionado y con 35 años sigue siendo el pichichi del equipo es que algo va muy mal.

No firmar ya un delantero es un error de alevines que creo que es culpa directa del presidente Juan Carlos Ramírez, el mismo que dijo en el brindis navideño que le pusieran nombres encima de la mesa y a día 22 de enero y después de ver desangrarse al equipo ante Olot, Alcoyano y Sabadell es incapaz de dar un golpe de autoridad trayendo a  un buen delantero para la final ante el Cornellà, puesto que si no se gana ese partido ya dará igual que traigan a Neymar o rescaten a Lolo Ortiz de la India. El momento es ahora y ellos sí llegarán a la batalla con un nuevo killer holandés llamado León que se alistó a tiempo para un partido decisivo.

Aquí, en cambio, lo fiamos todo a la suerte, a la vuelta de Chechu Flores o a una conjunción astral. Y si sale cara incluso habrá algunos que saquen pecho y reafirmen las bondades de esta plantilla tan cara como poco eficaz. Ahora, como salga cruz, habremos enterrado la cuchara en el mes de enero y con cuatro meses de competición por delante, lo cual puede ser tan doloroso para el aficionado como contraproducente para los que nos han traído hasta aquí.

Ojalá salga cara y sigamos hablando de Chechucracia y de las opciones de alcanzar la cuarta plaza en una guerra cruenta con otros cinco o seis equipos. Pero aunque se gane y Carlos meta cuatro goles ante el Cornellà, se necesita un delantero goleador. Si estamos en esta maltrecha situación es por no cuidar los detalles, como dice Portillo y para mí esos detalles tienen que ver con haber  marcado solamente veinticinco goles en veintidós partidos, por ser incapaces de ganar en el Rico Pérez desde el 5 de noviembre de 2017 o por no saber marcar más de un gol por partido en 17 ocasiones. Las estadísticas son muy elocuentes: Siempre que el Hércules marcó más de un gol ganó el partido. 5 de las 7 pírricas victorias llegaron así. No busquemos los errores atrás, aunque los haya y sean a veces grotescos, busquémoslos arriba donde el desequilibrio brilla por su ausencia y recuerden que esto consiste en marcar un gol más que el contrario y que sin goles ni hay victorias ni hay ascensos. Cómo atrás se seguirán cometiendo errores, más nos vale marcar más.

 

 

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