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Diario deportivo de Alicante

La casa de Tócame Roque

J. A. SOLER / @jasoler65

Domingo 4 de mayo. Apenas habían transcurrido 15 horas de la derrota del Hércules contra el Murcia en el Rico Pérez y aún faltaban 24 horas para confirmar la destitución de Quique Hernández. Mientras tanto, el equipo juvenil certificaba su ascenso a División de Honor, una situación que merecía la presencia de algún dirigente del club.

En el Polideportivo Juan Antonio Samarancha, escenario del partido que selló el retorno del conjunto juvenil a la élite, estaban los padres de los chavales blanquiazules, incluido Sergio Egea, José Vicente Lledó (técnico del filial) y Paquito Escudero detrás de la valla que separa la instalación de la calle. Todos echaban en falta la presencia de la cúpula directiva del club o de la Fundación.

Los chicos de Vicente Russo celebraron a lo grande el ascenso a División de Honor. Se mantearon ellos mismos, rociaron de cava a Baroja como miembro del cuerpo técnico de un equipo que durante toda la temporada, al igual que el Hércules B en Preferente, ha estado más solo que la una. Porque estos jugadores han tenido que recurrir a almas caritativas para poder comer algún bocadillo después de un partido jugado a 200 kilómetros de Alicante. Y es que la comida no estaba contemplada en el plan de viaje.

Pese a todo, Vicente Russo ha conseguido mantener viva la ilusión de unos jóvenes futbolistas que se han partido el alma por devolver al Hércules a su categoría natural. Lo celebraron solos, con los que han estado con ellos durante todo el año. Una muestra más de como funciona este club desde hace 15 años. Con detalles de estos es normal llevar dos años transitando por el umbral de la muerte. No es una cuestión de gafes o de que en el Rico Pérez se de cobijo a una legión de aprovechados. Quizás la culpa sea de quién abre la puerta a tanto desalmado pues sabe que esto es la casa de Tócame Roque.

Una casa donde reina la confusión, el desorden, el despilfarro, la incompetencia, el enchufismo… Con el administrador concursal ya hubo un milagro hace dos años. Con Quique Hernández hubo otro la temporada pasada aunque en esta se ha equivocado demasiado. No todos los años suena la flauta y parece que el amo del cortijo sigue sin enterarse. Hasta los chicos del juvenil o del filial saben lo que pasa en el Hércules. Y no es una cuestión de que la pelotita entre o no -ojalá con Jokanovic se produzca otro milagro-, porque el verdadero milagro es que esto siga vivo estando en las manos en las que está. ¿Hace falta decir quién? Premio. El mismo.

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