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Diario deportivo de Alicante

Justicia poética en el Hércules

FRANCISCO JOSÉ GARCÍA QUINTO (Profesor, escritor y abonado 1.261 del Hércules)

En algunas ocasiones y en algunas disciplinas existe en la vida la justicia poética, que consiste en que a la larga la virtud y la bondad se premian y la maldad o los actos reprobables tienen castigo. Precisamente esto es lo que está ocurriendo con el Hércules, un club que dista de ser modélico en ninguno de los aspectos, ni en el propiamente deportivo, ni en el económico, ni en el institucional, ni siquiera en el ámbito social y que por ello se merece el castigo que está teniendo en forma de malos resultados y sempiterno fracaso.

Un club en permanente autodestrucción desde hace años, que no mantiene un rumbo fijo, que se empeña en repetir errores y tomar decisiones injustas y que cada vez representa menos a sus aficionados, ya muy hartos de recibir disgusto tras disgusto, año tras año, en prácticamente todo.

Podemos decir que los principales enemigos del herculanismo están dentro de la cúpula del club y con eso ya está todo dicho. No necesitamos rivales, los tenemos dentro y son peores, por eso lo que ocurre en los terrenos de juego de un tiempo a esta parte se ha vuelto secundario, porque para muchos es más importante que el club cambie de propietario antes que conseguir un ascenso vital en todos los sentidos.

Pero por más que lo deportivo sea secundario en un contexto en el que el herculano teme la desaparición del club, sabemos que los resultados son el motor principal de todo equipo de fútbol y estos no pueden ser más lamentables desde 2012, año en el que nos impusieron a Javier Portillo. Todo lo que ha ocurrido desde entonces ha sido muy penoso, salvando una agónica permanencia en Segunda A en mayo de 2013, que nos quisieron vender como una auténtica Champions League, pero que no tuvo continuidad porque Quique Hernández consintió una penosa planificación y a mitad de temporada, meses antes de su despido, soltó preocupantemente el timón, dejando a la deriva a un equipo que acabó haciendo el ridículo y siendo el peor equipo de los veintidós.

No contentos con esto, tras un sonrojante y traumático descenso, se limpia el vestuario pero se deja al principal problema en él con mando en plaza. Se traen nuevos jugadores, nuevo director deportivo, nuevo entrenador, pero se mantiene al causante de que la planificación deportiva de Sergio Fernández saltase por los aires. El máximo accionista en la sombra impuso su criterio entonces y sigue haciéndolo ahora pese a tener en contra a gran parte de la afición, muchos de los cuales ya ni siquiera animan o pisan su estadio y se resignan a ver a su club contra las cuerdas.

Solamente fichan a profesionales que consientan la supremacía de Portillo, por eso estando él, no hay delantero que valga y sobran refuerzos de calidad en esa demarcación, en la que como mucho suele venir algún jugador de menor enjundia que el madrileño, como Azkorra o Fernando Rodriguez. Ni Pitarch, ni Pina, ni Mandiá, ni Hernández, ni Barroso, ni Pacheta, ni Herrero se atrevieron a cuestionarle lo más mínimo, sin embargo su rendimiento cada vez es más pobre y sus partidos más insulsos. No es que sea mal jugador ni mucho menos, porque tiene clase y oportunismo, pero ni sirve para Segunda División B, ni está en su mejor momento, ni está capacitado hoy por hoy para marcar la diferencia en un equipo que quiere ascender a la División de Plata. Demasiada ventaja a los rivales.

Pero no, Portillo no es el único problema deportivo del Hércules. Sí el más profundo y puede que el más injusto y controvertido, pero además de él juegan otros 10, de los cuales más de la mitad no tiene ni la calidad, ni el saber estar que necesita un jugador para enfundarse la histórica camiseta del Hércules. En pocas palabras: no soportan la presión de jugar en un club como el nuestro y tienen más miedo que vergüenza a un hipotético y probable fracaso deportivo. Además no son superiores a sus adversarios y eso es error enteramente de Daniel Barroso, que ha traído muchos fichajes que no están dando fruto ni con Pacheta, ni con Herrero, ni con cualquiera de los preparadores físicos que hemos tenido en esta aciaga temporada, que será en parte recordada por la de las cuarenta lesiones. “Alí Babá y las cuarenta lesiones” podría ser un buen titular para la temporada 14/15 en la que entre todos (dirigentes, director deportivo, colaborador publicitario y jugadores) nos han robado por entero la ilusión que teníamos por ascender.

Desde el club y un sector de la prensa se apela a la mala suerte, a mí me gusta más referirme a la justicia poética. La buena suerte se gana con buenas prácticas, con buenas decisiones y aquí despidieron a varios trabajadores muy válidos, dejaron sin pagar a los entrenadores de la abandonada cantera mientras a la vez trataban de hacer negocio con una empresa italiana, nos han cerrado por primera vez algunas gradas, se ha jubilado a la fuerza a Manolo González pese a que quería acabar la temporada y se ha mantenido contra viento y marea a Javier Portillo como líder del equipo y como primer delantero.

Tras una primera vuelta aceptable con más suerte que buen juego, los resultados dejaron de enmascarar la realidad y no pueden ser más negativos para nuestros intereses. En 2015: cinco derrotas en nueve partidos y sólo dos victorias, pérdida de golaveraje con Huracán, Nàstic y Badalona y sensaciones paupérrimas. Si no estamos descartados ya es porque el nivel es bastante pobre. Con todo y con eso tenemos un portero que lleva meses dubitativo y fallón, una defensa en cuadro y endeble, con varios sub23 de relleno, un mediocampo incapaz de dominar y crear juego, mucho menos dar pases de gol, y una delantera insuficiente para conseguir algo tan grande como un ascenso.

Por lo que por justicia poética pido que esas personas que tanto están perjudicando al club salgan del mismo y me refiero a su presidente Carlos Parodi, me refiero al colaborador publicitario Juan Carlos Ramírez, me refiero al director deportivo Daniel Barroso y en definitiva a todos los hombres de confianza del antiguo máximo accionista que nos ha llevado a la actual situación, ya casi irreversible con él o sin él. Dimitan y dejen paso a gente como Perfecto Palacio o Miguel Quintanilla, ahora trabajando para el Real Oviedo, que en el tiempo que estuvieron demostraron mucho más aplomo, saber estar, sentido común y herculanismo que todos los que por acción u omisión os estáis cargando un sentimiento de más de 92 años llamado Hércules C.F.

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