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Diario deportivo de Alicante

Goyo, el Xavi Hernández del balonmano

J. A. SOLER / @jasoler65

Adrián Prats, una institución del balonmano alicantino, definió a Goyo López como el Xavi Hernández del balonmano. Y es que, al igual que el futbolista del Barcelona y de la selección española de fútbol, el mejor central que se ha visto en una cancha fue un adelantado a su tiempo. El mítico Calpisa bailó al ritmo que marcó un jugador único y genial.

Goyo empezó a despuntar a principios de los 70 en el Picadero. El Calpisa, que estaba construyendo un equipo campeón, se fijó en el joven central catalán para entregarle la batuta del conjunto más laureado del deporte alicantino. En Alicante se encontró con figuras consagradas como Perramón, Santos Labaca, Cascallana, Albizu y su inseparable amigo Pitiu Rochel. Entre tanta estrella, Goyo brilló hasta convertirse en una referencia vital para sus ilustres compañeros.

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Así el Calpisa alcanzó la gloria con una Recopa de Europa, cuatro Ligas y cuatro Copas. Pero, de la misma manera que no se entenderían los éxitos del Barcelona o de la selección española de fútbol sin Xavi Hernández, los títulos del Calpisa o el despegue del balonmano hispano en la década de los 70 tampoco habrían sido posible sin Goyo.

Lucía el dorsal 10 y tenía una visión del juego que le permitía encontrar huecos donde no los había. Si no lo veía claro, daba una vuelta sobre sí mismo y volvía a empezar jugada, igual que hace Xavi Hernández con el balón en los pies. Su precisión le llevó pronto a la selección española en donde llegó a disputar 108 partidos internacionales.

Con Goyo como director de orquesta, España dejó de ser una comparsa en las grandes competiciones para mirar a los ojos a las mejores selecciones del mundo. De acabar decimoquinta en Munich´72 a quinta en Moscú´80. Fue la primera piedra para que el balonmano español luzca ahora dos títulos mundiales. Goyo fue pieza clave en aquel despegue.

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Como capitán del Calpisa recibió en Dortmund la Recopa de Europa en 1980. Su pelo al estilo afro y una abundante barba marcó su imagen durante sus últimos años, pero eso no impidió que continuara dando magistrales clases de balonmano en la cancha. Los seis años que pasó en Alicante fueron los mejores de su vida. Una vida que no pudo manejar con la misma destreza que el balón.

Su decadencia como jugador a principios de los 80 le llevó a un mundo lleno de peligros. Una vez dentro de ese laberinto, intentó buscar una salida con un frustrado fichaje por el Tecnisán. Su amigo Pitiu Rochel, que conocía los problema de Goyo, hizo lo posible e imposible por recuperar al jugador 10. Una duplicidad de fichas con el Granollers lo impidió.

Goyo continuó entonces en un túnel oscuro del que nunca pudo salir. Si con el balón siempre encontraba soluciones, no pudo hacer lo mismo con su vertiginosa vida. Se marchó muy pronto, demasiado pronto, para ser un grande del balonmano. La estrella se apagó en el firmamento, pero su leyenda sigue viva en el cielo.

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