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Diario deportivo de Alicante

Goles son amores y no buenas razones

J. A. SOLER / @jasoler65

La afición del Hércules es tan exigente como facilona. Porque de la misma manera que muestra un nivel de exigencia acorde a la historia de un equipo que ha transitado durante gran parte de su existencia entre Primera y Segunda División, también es fácil ganársela a poco que se le ofrezca.

Un muestra clara de ello es lo que se ha vivido en el Rico Pérez en el último mes. En poco más de 30 días se ha pasado del cántico “Portillo, véte ya” a aplausos al delantero madrileño tras firmar un gol y participar activamente en un convincente triunfo del Hércules.

No es que los aficionados herculanos sean unos desmemoriados. Para nada. A Portillo también le aplaudieron cuando regresó al Rico Pérez vistiendo la camiseta de la UD Las Palmas. Conviene recordarlo. Pocos meses después, cuando volvió a vestir la camiseta del Hércules, los mismo que aplaudieron en enero criticaron en junio un retorno que tuvo más de imposición familiar que de decisión técnica.

Guste más o menos como futbolista, la grada del Rico Pérez jamás ha cuestionado las condiciones técnicas de Javier Portillo. El problema del jugador es otro que va más allá de lo deportivo y que solo puede aparcar con goles. En el fútbol se dice que goles son amores y no buenas razones. En el caso del yerno de Enrique Ortiz, mucho más.

Porque todo lo que no sean triunfos del Hércules acompañado de goles de Portillo supondrá que la grada vuelva a acordarse de lo que representa este futbolista. Ya ha comprobado que la única fórmula para enterrar los pitos son los goles y las victorias. Esa es la grandeza y la miseria del fútbol. Otra cosa es que nadie olvide a quién ha llevado a este club a una situación límite de subir para sobrevivir.

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