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Eslovenia, un regalo para la vista

J. A. SOLER / @jasoler65

En el corazón de Europa aparece un país fascinante y sorprendente. Eslovenia se asoma entre los Alpes y el Adriático, entre gargantas y lagos, entre enormes cuevas y unos paisajes únicos. Así se muestra al visitante una joven nación que destapó la caja de los truenos en la desintegración de la antigua Yugoslavia. Vintgar

No es de extrañar que Josip Tito, líder comunista durante décadas de la extinta república yugoslava, eligiera Eslovenia  para disfrutar de sus vacaciones. Y más concretamente Bled y su lago. Este ídilico lugar ubicado a los pies de los Alpes Julianos, a unos pocos kilómetros de la frontera con Austria, es un regalo a la vista. Por eso no es de extrañar que el mariscal se enamorase del encanto que ofrece el lago de Bled.

Cualquiera siente lo mismo en el momento que delante de sus ojos aparece una maravilla de la naturaleza de este calibre. Desde su milenario castillo se puede disfrutar de unas vistas únicas de un lago que desprende magia por cualquiera de sus rincones. Muy cerca de Bled, a escasos 4 kilómetros, se encuentra la garganta de Vintgar. Un desfiladero de 1,6 kilómetros en donde el imponente río Radovna circula por un cañon entre paredes con hasta 100 metros de altura. 9_eslovenia

El paseo por Vitngar no deja indiferente a nadie. Como tampoco el lago Bohinj con su cascada Savica. Otro espectáculo de la naturaleza eslovena que abre la puerta al Parque Nacional del Triglav dominado por el pico más alto del país (2.864 metros) que da nombre a un espacio montañoso que se incrusta entre Austria e Italia. Castillo Predjama

En el centro de Eslovenia se encuentra Ljubljana, su capital. Un cruce de caminos entre centroeuropa y el Mar Adriático, entre Italia y los Balcanes, además de ser la puerta occidental de oriente. Con un pasado lleno de acontecimientos históricos, Ljubljana mezcla su animada vida universitaria a orillas del río que da nombre a la ciudad con el puente de los Dragones, el Triple Puente o el Puente de los Candados que unen diferentes puntos de una capital escoltada por su castillo y la catedral de San Nicolás.

Al sur de Ljubljana se encuentran las majestuosas cuevas de Postojna y Skocjan. Muchos tratan de elegir unas u otras para visitar. Si el tiempo y el presupuesto lo permiten, lo ideal es visitar ambas. Cada una asombra por cuestiones diferentes. Las cuevas de Skocjan y el enorme cañon interior que marca el río Reka le convierte en una cavidad única, diferente a cualquier otra y fue declarada Patrimonio Mundial de la Unesco.

Las cuevas de Postojna tampoco se quedan cortas. Cuentan con un sistema de 27 kilómetros de longitud al que se accede a través de un tren que transporta diariamente a cientos de turistas. Esta inmensa gruta está más masificada y explotada que la de Skojcan, pero también merece la pena visitarla. Como el castillo de Predjama, incrustado sobre la prolongación de la cavidad de Postojna.

Eslovenia también tiene costa. Poca, pero tiene. Entre Italia y Croacia hay 14 kilómetros en la península de Istria de litoral esloveno dominado por las bellas localidades de Piran y Koper. Todo ello hace de Eslovenia un país que deja huella. Tanto que al instante de abandonarlo empiezas a pensar en el momento de volver.

Lago Bohinj

 

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