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Diario deportivo de Alicante

Ortiz, el Portillo de los políticos

J. A. SOLER / @jasoler65

La afición dictó sentencia hace poco. Los técnicos del fútbol base se han rebelado y han dicho basta. Los chavales de la cantera están cansados de sentirse ignorados y abandonados. Los organismos deportivos están hartos de sus incumplimientos. Los que están dentro del Hércules también. Los acreedores, más. La imagen de uno de los símbolos de Alicante jamás ha estado tan deteriorada como en estos últimos años. Podríamos seguir y no parar.

Ni el ultra más antiherculano de la peña ilicitana Jove Elx tomaría decisiones tan perjudiciales para el Hércules. Pero Enrique Ortiz no solo se aferra a un juguete que ha destrozado, sino que da la impresión de intentar aplicar la política de  tierra quemada. De otra manera, no se entiende su empeño en mantener un proyecto que genera crispación, indignación y resignación en muchos cansados de tanta aberración.

Llegado a este punto, el responsable de esta insostenible situación deja de ser Enrique Ortiz. Igual que el exmáximo accionista de la SAD permitió en su día que desalmados del fútbol camparan a sus anchas por el Hércules, las instituciones tienen la obligación de intervenir en un asunto que trasciende de lo deportivo. Los políticos, tanto los que gobiernan como los que están en la oposición, han sido cómplices de todo lo que ha ocurrido en este emblema de la ciudad durante los últimos 15 años. Han mirado hacia otro lado y si no quieren que la porquería termine entrando en su portal, tendrán que sacar la escoba.

Hay demasiados argumentos para que el Ayuntamiento de Alicante o la Generalitat vuelvan a abrir la puerta del fútbol a Enrique Ortiz. En 1999 fue para entrar, en 2014 sería para salir. Sería una solución política, de esas que siempren buscan los políticos cuando ven que un problema puede terminar salpicándoles. Las otras dos opciones pueden resultar peligrosas con el calado social que tiene el Hércules. Mal si continuan mirando hacia otro lado como hasta ahora. Peor si levantan las alfombras.

Si la probable continuidad de Javier Portillo en el Hércules, que no jugó el intrascendente último partido por no aumentar la crispación en la grada, suena a provocación del suegro, que las autoridades permitan a Enrique Ortiz destrozar algo que no es suyo es más grave todavía. Habría que preguntarse por qué. Y que se lo pregunten los que están hartos de todos ellos, los cuatro monos de siempre como diría alguien, no les preocupa lo más mínimo. Lo malo es que sea la Fiscalía Anticorrupción a quién se le ocurra preguntárselo. Eso sí que preocuparía. Sobre todo a los políticos.

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