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Diario deportivo de Alicante

El Sunderland de Alicante y el Hércules de Sunderland: la mala suerte de vivir

JOSÉ F. PERSONAL / @jfpersonalcases

Me levanté este viernes algo nostálgico. Tras el primer café del día, me disponía a hacer los quehaceres del hogar escuchando algo de música. Acudí a «Youtube» y tecleé Eloise, de Tino Casal. A continuacón, automáticamente sonó Chica de ayer, de Antonio Vega. -Perfecta elección youtube, pensé para mis adentros.

Y de repente, zas, Manolo García. -¿Qué habrá hecho pensar a youtube que me apetece escuchar esa canción?, me dije. Entonces, tras cortar Pájaros de barro y buscar algo de Elvis Presley, metido en mis pensamientos y la música llegué a la reflexión de cómo nos gusta todo lo que ya no puede ser, las voces de los que ya no están.

Recientemente vi una serie en eso llamado Netflix. En los últimos años no he tenido mucho tiempo para visualizar este tipo de documentos (y me consta la edad dorada que atraviesan), pero una conversación con un amigo me hizo indagar en esta plataforma. Leí que había un mes gratis para empezar, y allá que me lancé.

Emocionado delante de la pantalla, me dispuse a la selección entre multitud de series y películas. Historia, documentales, clásicos, ciclismo, fútbol…¿fútbol?, y allá que me lancé. ¿Manchester City y Guardiola?, ¿Boca Juniors?, ¿Barcelona?, ¿Juventus?, y de pronto, Sunderland…este me llamó la atención. No sabía mucho del Sunderland, pero ahora entiendo que la cabra tira al monte. Pudiendo elegir éxito y triunfo, sin saberlo, elegí derrota y sufrimiento.

La serie está realizada durante la temporada 2017-2018, en la que el club inglés comienza en la Segunda División con aspiraciones de ascenso a la Premier League. -Va a estar chula, pensé. Y 0-5 en el partido de presentación. Plantilla corta, lesiones, polémica, jugador que conduce con alcohol, el dueño que no pone dinero…vamos, una auténtica pesadilla que me era muy familiar. Y claro, al final, descenso a la tercera categoría inglesa.

Vi en el Sunderland mucho de lo que he visto en el Hércules. Pero me llamó la atención cómo, en el último partido en casa, con el descenso ya consumado y tras un año de insultos y abucheos a la plantilla, la afición despidió la temporada recibiendo al equipo con aplausos. Y este le brindó una victoria por 3-0 ante el campeón.

El Sunderland, sin pretender comparar, tuvo una época dorada. Fundado en 1879, ha ganado seis ligas inglesas, la última en 1936. Casualmente ese es el año del estallido de la Guerra Civil en España, una guerra que truncó la mejor época de la historia del Hércules. Con un estadio magnífico, Bardín, y codeándose en primera con los grandes.

También el club inglés cuenta en su haber con dos Copas, en 1937 y 1973. Otra vez, tiempo de guerra y época dorada coinciden. Qué decir de los 70 del Hércules. Aunque los éxitos de ambos clubes no son equiparables, si pueden apreciarse picos de tiempo dorado en mismas décadas.

Qué bonitas son las hazañas deportivas de otros tiempos, qué mística desprenden. Cómo la mística que tienen los ídolos que se fueron. El Rey del rock tendría hoy 84 años. ¿Sería el mito que es de seguir vivo? Seguramente no. Ni yo me hubiera despertado escuchando Eloise. Cuando alguien muere, nace el mito.

Con opciones de todo

El mito del Hércules, sí por desgracia nace algún día, será bastante bonito. Tendrá muchas gestas que contar, mucha magia y misterio, pero sobretodo, el club será muy añorado. Tanto tanto, que a veces se olvida que aún sigue en pie. Vivo, por suerte, en pleno febrero de 2019.

Y afronta un final de Liga ilusionante. Qué no darían los aficionados de la Unión Deportiva Salamanca, o del Club Deportivo Logroñés, por seguir latiendo, en Segunda B, a cinco puntos del líder.

Y es que no hay nada que haga sentir más vivo que una derrota en casa en Segunda B, como la del Ebro. Ese fuego en el alma con el que sales del estadio. Ese instinto animal que nace de las entrañas con un rival tendido en el suelo, por tercera vez.

Sería una pena no aprovechar esta oportunidad de luchar por volver a Segunda. Es posible que muerto existan más herculanos que vivo. Que al entierro acudan más espectadores que a un partido. Pero de momento, aquí está. El club ha puesto todo lo que tiene. Ahora toca a la plantilla, y a la afición.

Por cierto, la serie del Sunderland terminaba en un pub. Aficionados despedían la temporada tomando una cerveza, mientras cantaban juntos y en armonía el Falling in love de Elvis Presley. Preciosa melodía. Uno de ellos, decía a la cámara: Sunderland, allá donde vayas, yo te seguiré.

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