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Diario deportivo de Alicante

El síndrome de Estocolmo en el Hércules

FRANCISCO J. GARCÍA

Me resulta sorprendente que aún haya en Alicante personas que defiendan la gestión de Enrique Ortiz al frente del Hércules después de su ineficacia deportiva, económica e institucional. Me sorprende y me preocupa, tanto o más, que otro sector se empeñe por amiguismo en justificar los pésimos números de Quique Hernández en la presente temporada, buscando unos brotes verdes que apenas existen porque este equipo gana menos que el de Mandiá.

Es lamentabilísimo que alguien escriba al dictado de un tercero ocultando o maquillando la realidad por puro interés personal o profesional y por desgracia es lo que ocurre en la prensa deportiva de esta ciudad, salvo honrosas excepciones. La mayoría de los principales medios convencionales padecen un grandioso síndrome de Estocolmo hacia el exmáximo accionista de una entidad “secuestrada” hace más de trece años y que sufre el “maltrato” continuado a través de azarosas planificaciones, absurdas tramas de intermediarios, apuestas equivocadas, deuda sobredimensionada y nula confianza en la cantera como modelo estratégico de club a largo plazo.

Y es muy triste que se intente justificar lo injustificable a través de burdos sofismas y entimemas. Claro que Ortiz no tiene la culpa de que un jugador falle un gol cantado o no corra lo suficiente. De eso ni siquiera tiene la culpa Hernández. Sin embargo aquí hay una realidad deportiva deprimente, un proyecto hipotecado desde la base y alquilado a un mercachifle porque no hay dinero en caja ni para comprar chicles. ¿De quién es la culpa de que el Hércules esté controlado por la LFP y su futuro penda de un hilo solamente dos años después de estar en la élite e ingresar importantes cantidades de dinero? ¿Tal vez del mismo que desmontó por capricho un proyecto deportivo que sí daba resultados? ¿Condicionan o no condicionan estos hechos las últimas planificaciones deportivas y por consiguiente los malos resultados que el club cosecha?

Somos del Hércules, pero no somos tontos. Y aquí el que más y el que menos sabe “lo que se cuece”, por eso da rabia que se manipule de forma sesgada, que se utilicen diferentes varas de medir o se pongan paños calientes por filias cuando antes “se entraba a matar” por fobias. Que yo sepa siempre y en todo lugar estuvo en el mando el mismo y las cosas se hicieron prácticamente igual de mal siempre. De aquellos polvos, estos lodos.

Supongo que hay mucho miedo en el ambiente a la desaparición del equipo, a las próximas ampliaciones de capital, a la inexistente oposición al régimen del hombre del puro y al vacío de poder que se generaría. Pero ni con esas es justificable vender el alma al diablo por un adosado en Rabasa. No todo tiene un precio en esta vida.

Habría que superar definitivamente este “periodismo lacayo”, esta innecesaria subordinación al cacique, más digna de épocas pasadas y llamar a las cosas por su nombre, juzgar a las personas por sus hechos y sus resultados. Sólo así se podrán despertar conciencias adormecidas y conseguir que las cosas en Romeu Zarandieta puedan regenerarse y cambiar hacia mejor. Hace falta una catarsis social, no cargamentos de maquillaje para disimular una ausencia de estructura, amparados en el cortoplacismo más miope.

Casi lo de menos es que el domingo volvamos a jugar una nueva final ante el Jaén para evitar hundirnos en posiciones de descenso a las primeras de cambio. Casi lo de menos es que el entrenador haya realizado verdaderos disparates técnicos en las nueve primeras jornadas y en la décima haya conseguido que sus jugadores corran y defiendan con sentido, ante la amenaza de su despido inminente. Casi lo de menos es que muchos jugadores rindan en este inicio muy por debajo del nivel que han dado en otros equipos y que a lo único que se pueda aspirar esta temporada es a una sufrida permanencia, si no se empieza pronto a sumar victorias.

Y digo que lo futbolístico, lo deportivo es casi lo de menos porque todos sabemos o deberíamos saber, que por más que el equipo ascienda, por más que la suerte nos sonría y la pelota entre y la grada vuelva a comulgar con el equipo y el entrenador, algo o mejor dicho alguien volverá caprichosamente a tirar por tierra cuanto se haya sembrado.

Despertad, despertemos.

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