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Diario deportivo de Alicante

El origen del mal en el Hércules

J. A. SOLER / @jasoler65

Que el actual proyecto deportivo del Hércules estaba condenado a la cruda realidad que vive en estos momentos era algo que se veía venir desde el mismo momento de nacer. Días después de aparecer pancartas en el Rico Pérez contra el régimen en el club y en el vestuario, el nuevo director deportivo optó por pasar por el aro. Así, la credibilidad del proyecto quedaba reducida a la nada, algo que pasaría factura al mínimo error que se cometiera. Y este año, por desgracia, la planificación ha estado marcada por demasiados errores, algunos de ellos muy graves.

Me contaban hace pocos días que si Sergio Fernández no aceptó la imposición de Javier Portillo en junio de 2012 no fue tanto por criterios futbolísticos, sino porque de tragar con ello hubiera hipotecado cualquier decisión futura. Un director deportivo tiene que tomar demasiadas decisiones como para que estar condicionado por cuestiones que sobrepasan sus funciones. Y hace siete meses, Dani Barroso miró para otro lado con tal de complacer al amo y blindar su sillón técnico en el Rico Pérez. Así le ha ido después.

No hubo que esperar mucho tiempo para comprobar las consecuencias de semejante bajada de pantalones que dos años antes ya se había llevado por delante un proyecto que se jugaba en Alcorcón el ascenso a Primera División. Fue en Elda, en el inicio de esta nueva travesía por el desierto, donde quedó claro que este proyecto tenía muchos visos de fracasar. Y no tanto por la derrota o la pobre imagen que ofreció el Hércules en el campo, sino por el tufillo que desprendía el ambiente que rodeó aquel partido en el Pepico Amat. El atronador cántico dirigido a Portillo, en el fondo iba dedicado a otro que no aparece pero está, fue un indicador claro de lo que antes o después podía suceder.

Durante algún tiempo, los resultados sostuvieron un proyecto cogido con alfileres. Transmitía tan poco que la grada se desesperó en el Rico Pérez viendo los contínuos tropiezos de un téorico aspirante al ascenso. Buena prueba de ello es el fracaso de la campaña del medio abono quese inició con el Hércules en el liderato. Las sensaciones no invitaban a confiar en un equipo con síntomas muy preocupantes. Lo vio hasta Juan Carlos Ramírez que entró en el vestuario como Atila en aquellos supuestos días de vino y rosas.

Mes y medio después de aquel episodio, el Hércules se ha quedado sin opciones de luchar por el liderato, ese puesto que allana tanto el camino del ascenso. Esto, para un teórico aspirante a subir, es un fracaso descomunal teniendo en cuenta que estamos en febrero. Incluso, el segundo y el tercer puesto también empiezan a estar demasiado lejos. Otro fracaso. Y con un puesto de promoción todavía a tiro para un frágil equipo que se hace el harakiri una semana sí y otra también, el director deportivo todavía pide confianza. Eso mismo fue lo que perdió en junio. Ahí está el origen del mal de este proyecto. El origen del mal en el Hércules viene de más atrás. Y todo Alicante sabe donde está.

Protestas Hércules

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