EuroKolada
Diario deportivo de Alicante

El lustro maldito del Hércules

FRANCISCO JOSÉ GARCÍA QUINTO. Escritor y abonado 1.083 del Hércules

El Hércules de la actualidad es por definición un club triste, vulgar, futbolísticamente maldito, que vaga por la Segunda B sin rumbo fijo. Condenado y castigado por la justicia divina, poética y deportiva, tal vez por la sombra de presuntos amaños, pasados excesos e impagos que amenazan la viabilidad de la entidad. Con gestores interesados, de mala calidad, sin escrúpulos y con un proyecto deportivo engañoso, equivocado, que molesta o desagrada a su sufrida afición. No es ni la sombra de lo que fue antaño, ni una décima parte de lo que podría llegar a ser en otras manos, con una organización seria, creíble y con trabajadores que se reivindiquen en sus puestos haciendo méritos para salvar al club de una amenaza flagrante. Nada de eso tenemos en la actualidad, por desgracia.

Y esa maldición se escenifica con el fichaje de Javier Portillo en el verano de 2012. Cinco años después sólo levantamos cabeza para golpearnos con la lápida de la derrota una y otra vez. No creo en las casualidades, sino en el trabajo bien hecho que se traduce a largo plazo en éxito y buenas estadísticas. Precisamente éstas nos demuestran que atravesamos un largo desierto sine die y con la amenaza de cierre. Hasta aquí nos ha traído una desastrosa gestión económica de Aligestión durante casi veinte años, con tres leyes concursales y ansias megalómanas salpicadas con promesas incumplidas e impagos bastante variados. Vinieron para salvar al club de su muerte y en dos décadas han generado un daño aún más profundo . Pero a pesar del problema de fondo, hay un punto de inflexión negativo que prácticamente nos entierra: El nefasto verano de 2012. A partir de ahí casi todo, salvo honrosas excepciones, es un verdadero desastre, un tremendo disparate. Una improvisación constante. Un proyecto fallido en eterna bucle. Había un trabajo bien hecho, realizado por Sergio Fernández, hoy brillante director deportivo del finalista de la Copa del Rey. Un proyecto serio, de gente trabajadora, que quería al club y se dejaba el alma y la vida en la carretera para poder fichar jugadores de más garantías. 10.000 aficionados recuperamos la ilusión tras un decepcionante descenso, pero no fue bastante. Cambiamos eso por García Pitarch, un enterrador nato del que escapamos de milagro, que se cargó la estructura en pocos meses por expreso encargo y que se caracterizó por fichar jugadores a través de representantes de confianza sin hacer un seguimiento previo. Con Pina la temporada siguiente, muchos mercenarios, escasez presupuestaria y el pésimo y funesto liderazgo de Quique Hernández, bendecido por las altas esferas, descendimos con todos los deshonores y empezamos a sentir en nuestras carnes, la doble vergüenza: Conseguir los peores resultados con la dirección de los peores dirigentes.

Tras el descenso se cambió todo menos lo que tuvo que cambiar. Llegó un director deportivo que se dedica a ver todos los partidos del primer equipo, lo cual es un mal síntoma desde el principio. Se quedó el delantero centro odiado por gran parte de la grada y vinieron nuevos jugadores que seguían sin marcar diferencias, excepto Chechu Flores, lo mejor con mucha diferencia de este calamitoso ciclo destructivo que vive el club. No se consiguió el objetivo pero Barroso fue renovado. El año pasado se salvó gracias al golpe de timón en diciembre, con la retirada de Portillo, el cual se retira después de una primera vuelta sin marcar un solo gol en un equipo aspirante al ascenso. Pese a ese gesto de gran dignidad, llegó otro de muy dudoso interés para el club: Pasar a formar parte del cuerpo técnico. A pesar de lo cual se está muy cerca del ascenso, tras firmar bien en el mercado de invierno y acertar con el entrenador Vicente Mir.

A pesar de quedarnos a muy poco del éxito, el club, en un nuevo alarde autodestructivo prescinde del entrenador que le lleva a disputar una final de play off y da de baja a jugadores importantes, con hambre y proyección para firmar a jugadores que no dan la talla y a un entrenador que empeora a los otros tres predecesores en el cargo. Igual es injusto y tal vez desproporcionado decir que Javier Portillo es el principal culpable de lo que nos pasa porque sinceramente no lo es, pero su llegada fue el letal desencadenante, el hecho coyuntural que nos hizo estallar por los aires. No fue un mal delantero centro, sigo diciendo que mientras la gasolina le aguantó fue un digno delantero centro de Segunda A, aunque no válido para la actual Segunda B, como le pasa a Lolo Ortiz y a tantos jugadores que van de más a menos. Ignoro si se convertirá o no en un brillante director deportivo que pueda volver a ilusionar a los aficionados, pero no me gusta nada que si aspira a eso, se dedique a seguir los partidos del primer equipo junto a Barroso. Todo hace indicar, salvo gloriosa e improbable reacción, que el Hércules no va a ascender esta temporada coronando un lustro maldito en el que la afición sigue preguntándose por qué dejamos irse a Perfecto Palacio y Sergio Fernández para nadar en la nada institucional y deportiva más absoluta, por qué nos intentan salvar los mismos que nos han hundido y hasta cuándo tendremos que seguir sufriendo esta maldición sin límite de soportar proyectos perdedores y sin capacidad alguna para cambiar el curso de la historia.

You must be logged in to post a comment Login

¿Qué opinas?