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Diario deportivo de Alicante

El Hércules, un juguete roto en mil pedazos

J. A. SOLER / @jasoler65

Un punto de 15 en las catacumbas del fútbol español, sin ganar en las cinco primeras jornadas, penúltimo, a 4 puntos de la permanencia en Segunda B, a 9 de la promoción de ascenso y a 11 del liderato.

Unos números tan demoledores como la gestión de los últimos 20 años en el Hércules. Y lo peor de todo es que, por extraño que parezca, todavía se puede caer más.

Sobre todo porque los que dirigen el club son incapaces de llevarlo a su sitio natural, donde ha transitado casi siempre (entre Primera y Segunda) en los 75 años anteriores a su gestión, pero son perfectamente capaces de meterlo mas abajo todavía del pozo por el que deambula ahora.

Más pendientes de sus negocietes vinculados al mundo del baloncito (soportes publicitarios, limpieza, seguridad, césped, eventos, etc.) que de crear un proyecto o una estructura profesional, resulta «normal» que tarden una semana en contratar un nuevo entrenador, que el Hércules estuviera meses sin presidente o que la SAD esté al día en los pagos a las empresas del grupo mientras Hacienda o el IVF siguen a la espera.

Que ahora la pelotita no entre es lo normal cuando las cosas se hacen como se hacen desde hace años en los despachos del Rico Pérez. Lo que está ocurriendo en el campo es el reflejo de lo que hay en el palco. Ni más ni menos.

Y si decimos que este terrible escenario deportivo aún puede empeorar no es por perder contra el Orihuela, uno más que te pinta la cara, sino por la indiferencia que causa entre la afición la actual situación deportiva del Hércules.

Resulta alarmante y muy preocupante observar la salida de los herculanos del Rico Pérez tras ver la enésima derrota de su equipo. En otros tiempos y con una situación menos dramática se hubiera montado un motín en la puerta cero. Ahora la indiferencia se ha apoderado de ellos.

Lo único que preocupa en el palco es que les señalen. Mientras tengan un entrenador o al mismo Javier Portillo para que la grada le cante el guantanamera, como ha ocurrido en los dos últimos partidos en el Rico Pérez, no les preocupa que el juguete esté roto en mil pedazos o pueda romperse más aún.

Y ojo que en un hipotético descenso a la cuarta categoría del fútbol español, justo donde ahora está el filial, sí que entrarían en la historia del Hércules. Porque en sus casi cien años de historia jamás habría caído tan bajo. Que vayan preparando otra insignia de oro y brillantes.


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