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Diario deportivo de Alicante

El Hércules se asoma al cementerio

J. A. SOLER / @jasoler65

Ver el autobús oficial del Hércules en la misma puerta del cementerio escenifica fielmente la situación actual de una institución que hace tiempo transita más cerca de la muerte que de la vida. No deja de ser una simple foto en una casual coincidencia, pero hará ponerse a más de uno en lo peor viendo el cariz que están tomando los acontecimientos con la enésima parálisis del club para tratar de eludir pagos.

Y es que este Hércules de Aligestión, Kuntajara o Zassh, mismo perro con distinto collar, nada tiene que ver con aquel que fundó El Chepa hace 95 años. Es cierto que a lo largo de su historia este símbolo de Alicante ha tenido pésimos gestores. Unos malos y otros peores. Únicamente la etapa de José Rico Pérez en la presidencia hubo una gestión acorde al potencial de este club con más sombras que luces a lo largo de una trayectoria casi centenaria.

En anteriores etapas oscuras siempre prevaleció el sentimiento de miles de alicantinos por un Hércules que podía vivir épocas de dificultad y penurias pero que mantenía vivo el espíritu de El Chepa. Por desgracia, en los últimos años se ha producido un peligroso desapego de demasiados herculanos que no se sienten identificados con lo que ven y representa actualmente la SAD blanquiazul.

La gestión en las dos últimas décadas no solo ha sido pésima sino que ha alejado a una parte importante de la sociedad alicantina del Hércules. Se pueden hacer mal las cosas, como las hicieron anteriores dirigentes, pero siempre se vislumbraba una rendija de luz en el fondo del túnel, incluso en plena oscuridad. Ahora, ni se ve luz al fondo, ni siquiera el final del túnel. Más bien parece un túnel sin salida.

Pese a todo, uno está convencido de que este Hércules de Zassh no desaparecerá mientras siga en las actuales manos porque hay demasiados intereses personales y familiares como para dejar morir este tinglado. Pero de lo que también estamos convencidos un buen número de herculanos, cada vez más por desgracia, es que el espíritu de aquel Hércules del Chepa lleva tiempo en el cementerio. Como el autobús que hace un año cambió el color azul por un negro feo de narices. Tan negro como el presente y el futuro inmediato de una entidad cuya esencia murió hace un lustro.

 

 

 

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