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Diario deportivo de Alicante

El Hércules muestra síntomas lapidarios

J. A. SOLER / @jasoler65

Por mucho que el Hércules acumule tres partidos sin encajar un gol o que esté a dos puntos de la permanencia con casi tres meses por delante de competición, los síntomas que ofrece el equipo son igual de lapidarias que su modelo de gestión.

Si la competición te brinda una oportunidad de oro para sacar la cabeza del pozo y no la aprovechas ni con un penalti o el rival con uno menos durante medio partido es que este Hércules no da para mucho. Sobre todo cuando está batiendo todos los registros negativos de su historia.

Sin ganar en el Rico Pérez desde el pasado 20 de octubre, toda una vuelta, supera la esperpéntica racha de hace 17 años con José Carlos Granero como técnico y el mismo al timón de la nave blanquiazul. Y pensar en eludir el descenso después de cuatro partidos sin marcar un gol, otro récord negro del Hércules en Segunda B, es tan utópico como que los responsables de este esperpento dejen gestionar a otros por si acaso dan con la tecla.

Y de la misma manera que los «cuatro monos», como calificó despectivamente quién todos sabemos a los que precisamente dan valor a la marca Hércules, no tragan ya con falsos anuncios de venta, este equipo malparido en verano por el yerno y aniquilado en enero por el socio no da la sensación de que pueda ser mejor que cinco equipos en Segunda B después de lo visto ante el Andorra y en todo el curso.

Que cuatro entrenadores, otro récord, no hayan sido capaces de sacar rendimiento a esta plantilla es tan significativo y relevante como que la alta dirección de la SAD utilizara el Hércules como banco personal mediante préstamos y anticipos otorgados por una sociedad en quiebra técnica. Un escándalo similar al que se ha producido en Málaga con el jeque. Allí, en cambio, la Policía abrió una investigación sobre el asunto.

Muchos pensarán que estos desmanes en los despachos no tienen nada que ver con que Yeray González falle un penalti o que Benja o Vergos no sepan resolver en un mano a mano con el portero. Pero lo cierto es que el reventón deportivo que está sufriendo el Hércules durante esta temporada es la consecuencia de una gestión indigna en una institución casi centenaria durante 20 años que ha dejado el precio de sus acciones a cero y que, en definitiva, es lo que al final se vende o se compra.

Desde luego, el intangible valor del Hércules (no confundir con el precio de sus acciones) es incalculable, mucho mayor que los 3 millones de euros (unos 500 millones de las antiguas pesetas) que pagó el comprador al vendedor hace 20 años. Entonces, el equipo iba líder en Segunda B y apuntaba al ascenso. Ahora, lo que establece el precio de mercado va camino de Tercera por obra y gracia de quién ha situado el producto en estado de ruina y en el escaparate más cutre.

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