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Diario deportivo de Alicante

El Hércules lleva la mitad de abonos vendidos que hace un año

J. A. SOLER / @jasoler65

Hace exactamente un año el Hércules había superado la cifra de 3.000 abonos vendidos pese a que un mes antes se había consumado un doloroso descenso a Segunda División B. En la actual campaña de abonos y en la misma fecha -26 de julio- se han emitido sobre 1.500 menos ya que la cuarta semana de campaña ha arrancado sin rebasar aún los 2.000 abonados. Una cifra pírrica que tiene sus razones.

Y todo ello a pesar de que la campaña de abonos para la temporada 15-16 comenzó apenas 15 días después de disputarse una promoción de ascenso a Segunda División, lo que llegó a despertar la ilusión de los herculanos con las eliminatorias ante el Real Murcia y el Cádiz. Sin embargo, después de 27 días de campaña, el club ha confirmado que se han emitido 1.700 abonos, cifra que contrasta con los más de 3.000 que se llevaban hace un año en las mismas fechas.

Estos datos han provocado preocupación en los despachos del Hércules. Es para estar preocupado. ¿Qué ha podido pasar? Debe ser la pregunta que tienen que estar haciéndose los ideólogos de una campaña de abonos que se está convirtiendo para muchos aficionados en la pancarta reivindicativa que no pueden exhibir dentro del estadio Rico Pérez por temor a una dura sanción en el caso de utilizar términos tan ofensivos como “adiós”, “intervención”, SOS” o “gracias”. Algún que otro abonado todavía está pendiente de juicio por asuntos de estos.

Es de imaginar que si un abonado del Hércules se planta la temporada pasada en el Rico Pérez con una pancarta con la leyenda “Que no nos roben la ilusión”, no es difícil calcular el tiempo que estaría visible y su portador en su localidad teniendo en cuenta el celo que gasta la seguridad del estadio, eso sí, por orden de los que ocupan el palco.  Y es que estas cosas, además de muchas otras, terminan pasando factura. Ahí está la primera razón por la que más de uno le tiene ganas a los que gestionan la entidad, aunque alguno, el que más manda, no se atreva a asomarse por la que considera su casa.

El resto de razones saltan a la vista. Cualquier empresa trata a su clientela más fiel de forma especial para conservarla. Lo hacen los medios de comunicación con sus anunciantes, las agencias de viaje con el que siempre está dispuesto a hacer las maletas, los empresarios con las instituciones para tener más o mejores adjudicaciones públicas y hasta los concesionarios de coches con los compradores habituales. Es ley de empresa. En cambio, el Hércules parece desmarcarse de estos patrones pese a que sus dirigentes se llenan la boca diciendo que esto es una empresa.

Todo porque en la SAD blanquiazul prefieren castigar la fidelidad en lugar de premiarla. En el Rico Pérez, el cliente de 50 años o más tiene los mismos privilegios que el nuevo. Y en el caso del Hércules, con una masa social tirando a veterana, son muchos los que se sienten menospreciados y despreciados por el trato que recibe de gente que jamás ha pagado por ir al fútbol y, por consiguiente, desconoce los códigos que se manejan en este complejo mundillo.

Si esto pasa con los abonados mayores de 30 o 40 años que, en un alto porcentaje, responde al perfil de fiel herculano, con los jóvenes y adolescentes ocurre lo mismo o peor. Aquí hablamos de chavales que tienen entre 13 y 20 años que son estudiantes, no trabajan en su mayoría y a los que el abono más económico le cuesta más caro en el Rico Pérez que en otros estadios próximos a Alicante con fútbol de superior categoría.

Si a todo eso se une que el futbolista que simboliza la manera de gestionar este Hércules sigue erre que erre en donde nadie le quiere, la crispación se dispara hasta el punto que muchos optan por el absentismo después de dejar clara su postura en reiteradas ocasiones durante los tres últimos años. Un coste más a añadir al fichaje más discutido y caro de la historia del club.

Y con tanto fiel cabreado, desde los más antiguos hasta los más jóvenes, desde los más guerrilleros con la gestión hasta los más críticos con el delantero más caro, es normal llevar la mitad de abonos vendidos que hace un año. Pese a todo, cero autocrítica. Que dimita alguien o lo pongan de patitas en la calle después de este fiasco, menos todavía. Los equivocados no son ellos. Eso jamás. Aquí, al contrario que en cualquier otra empresa, la culpa siempre es del cliente. Y el cliente parece que está diciendo basta. Lo peor, que siguen sin querer darse cuenta de que no les quieren. Como a Portillo. Por algo son todos de la misma familia.

 

 

 

 

 

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